Ante el espectáculo presentado en estos días en el Teatro Real de Madrid bajo el título de la ópera cómica de Donizetti L’elisir d’amore caben dos enfoques a la hora de emitir un juicio crítico. Uno sería hacer de Júpiter Tonante a la manera de Riccardo Muti y arremeter con dureza y rabia de amante de la lírica ofendido contra el regista, el joven italiano de moda en los principales teatros líricos y festivales internacionales, Damiano Michieletto y, glosando unas declaraciones públicas suyas, decir que los registas hacen continuamente sandeces y que él, como defensor de la música, “o mato al regista o dejo la ópera, pues no puedo pasar los pocos años que me quedan de vida discutiendo con un idiota que ofende nuestra cultura”.
La otra postura sería tomar prestada la ácida sorna de Groucho Marx y resumir la escenificación diciendo que el…
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