El Neujahrskonzert de la Wiener Philharmoniker no es, ni de lejos, el mejor que se puede escuchar; pero, indudablemente, Austria lo ha sabido “vender” con tanto éxito, que se ha convertido en el más visto y oído del planeta, gracias a las incontables transmisiones televisivas, radiofónicas y de todos los soportes que la tecnología pone a nuestro alcance. La realización de la ORF nos muestra sonidos, panoramas, palacios, monumentos y coreografías de un mundo “feliz”.
Ese mundo que no existe (ni ha existido nunca), ni en Viena ni en ninguna parte. Se trata de una “idealización”, que no puede ocultar su carácter “comercial” e interesado, al estilo de que la que llevan a cabo los programas audiovisuales y demás publicaciones llamadas “del corazón”. Mas, como se dice en catalán, el negoci és el negoci. Mucha gente no le haría ascos (al…
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