España - Andalucía

Gran música de hoy: España, Australia

José-Luis López López

lunes, 3 de febrero de 2020
Sevilla, viernes, 24 de enero de 2020. Espacio Turina. “Diálogo entre España y Australia”. Programa: Jesús Torres, Pentesilea y Silentium Amoris; Karen Heath, Silent Spring; César Camarero, Reverso II; Luke Styles, Neon Highway. Integrantes: Sarah Roper, oboe. Taller Sonoro: Jesús Sánchez Valladares, flauta; Camilo Irizo, clarinete; Bartolomé Mayor Catalá, fagot; Manuel Enamorado Arjona, trompa; José Vicente Ortega Sierra, trombón; J. Baldomero Lloréns, percusión; Ignacio Torner, piano; Alejandro Tuñón, violín; Aglaya González, viola; María del Carmen Coronado, violoncello; Antonio Torres, contrabajo. Director invitado: Timothy Phillips. IX Festival de Encuentros Sonoros

Sevilla, cada día que pasa, se reafirma como una ciudad de excelencia musical. Y el Espacio Turina es uno de sus lugares privilegiados (de manera muy especial, en lo que a música de cámara se refiere: aunque su papel en “otras músicas”, como flamenco y jazz, por ejemplo, cada vez adquiere mayor relevancia). Hoy hablamos de música contemporánea. En una noche climática “de perros” (frío y lluvia completamente inusuales aquí), que la Sala grande, a la cual temíamos ver casi vacía, se poblara con un público entusiasta (casi dos tercios de su capacidad), no dejó de producirnos asombro a los habituales seguidores de la música de hoy.

El Ensemble Taller Sonoro de Sevilla es una referencia imprescindible de la música contemporánea en España, Europa y América. Desde su creación en el año 2000 (estamos en su XX Aniversario), ha ofrecido conciertos periódicos en prácticamente todos los escenarios españoles de importancia, y en salas como la Musikverein (Viena), Les Invalides (París), el Teatro Quartz (Brest) o el Auditorio Marcel Landowski (París); y celebra giras anuales en Perú, Colombia, Argentina y México. Es conjunto residente de la Cátedra Manuel de Falla (Cádiz) desde su creación en 2003, y del Centro Nacional de las Artes de México desde 2016. Además, en 2018 es conjunto residente en el Circulo Colombiano de Música Contemporánea y en el Máster de Composición del Conservatorio de Parma. Igualmente ha ofrecido talleres y cursos en distintas universidades europeas y latinoamericanas.

La grandísima Sarah Roper, de nacionalidad británica, aunque nacida en Nueva Zelanda, se formó como oboísta en la Royal Academy of Music de Londres con los profesores George Caird y Celia Nicklin, donde fue galardonada con el premio Robert Rendell, al tiempo que finalizó sus estudios musicales en la University of London. Becada por el gobierno alemán, estudió en la Staatliche Hochschule für Musik de Karlsruhe con Thomas Indermühle, postgraduada con distinción de honor. Desde 1996 es solista de oboe en la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla. Ha interpretado conciertos y dado recitales en España, Reino Unido, Austria, Alemania, Italia, Hungría, República Checa, Estados Unidos, Japón, Nueva Zelanda y Australia.

El director invitado de este concierto, Timothy Phillips, es director de orquesta y percusionista con sede en Melbourne. Se formó en Canberra y en Alemania. Su centro de interés principal en estos tiempos es la dirección artística del importantísimo, en la vida musical australiana, Arcko Symphonic Ensemble. Tras la estancia de T. Phillips en Europa, actuando con Ensemble Modern o Klangforum Wien (palabras mayores), percibió que “algo así” faltaba en Australia, y esa fue la semilla de Arcko, cuyo compromiso, en palabras suyas, es “el repertorio a gran escala (cuando el dinero lo permite) y su política de programación de 90-100% de contenido australiano por concierto”. Su desafío, añade “casi insuperable, es contrarrestar el conservadurismo de Australia, donde hay numerosos obstáculos institucionales en el camino (a menudo tengo ganas de tirarlo todo), pero un número pequeño y creciente de personas se preocupa por estas cosas. Así que, mientras haya icebergs, Arcko permanecerá en la punta de uno, luchando”.

Así estamos. En las antípodas, como en nuestro país, todavía estamos lejos del “corazón” musical contemporáneo de Europa y de algunos lugares de EE.UU. y nos falta mucho camino por recorrer. Para ello, contamos (entre otros) con un Ensemble como Taller Sonoro, de vocación actual y universal; con una enorme artista como la oboísta Sarah Roper (Nueva Zelanda, Reino Unido, USA, España: ella fue la traductora de Phillips) y, con unos compositores y unos faros culturales, de nuestra tierra y, desde ahora, tras este concierto, ligados a ella, de la otra punta del mundo, y de todos los lugares (como la entrañable bióloga y ecologista norteamericana Rachel Carson).

Jesús Torres (Zaragoza, 1965) procede de una familia de larga tradición musical. Su formación académica la llevó a cabo en el Conservatorio Superior de Música de Madrid, al tiempo que estudiaba Análisis Musical con Luis de Pablo. Entre 1986 y 1988 estudió composición con el gran Francisco Guerrero Marín (Linares 1951-Madrid 1997). Su catálogo consta de más de 150 obras orquestales y de cámara, interpretadas en toda España (recordaremos siempre su participación en el añorado Festival de Música de Alicante), Europa, EE.UU., México, Venezuela… Ha recibido encargos de numerosas instituciones públicas y privadas. Galardonado con diversos premios y distinciones. Numerosas grabaciones. Compositor residente del CNDM, 2017-2018, y de la OSC de Zaragoza, 2019-2020. Debe señalarse su intenso interés por la musicalización de textos poéticos (Edad Media, Siglos de Oro, XX y XXI). 

La australiana Karen Heath tiene un Master en interpretación musical (clarinete), cuya tesis la llevó a Europa, donde recibió lecciones de Wolfgang Meyer y Suzanne Stephens. En 2005, Karen actuó en Freundschaft en el curso anual de Stockhausen en Kuerten, Alemania, trabajando con Stockhausen en ensayos y actuaciones y ganó el segundo premio por su actuación ese año. Al regresar en 2007, Karen actuó nuevamente en el Stockhausen Course, interpretando a Der Kleine Harlekin, muy coreografiada, por la cual recibió el tercer premio. En 2005, Karen recibió honores de primera clase por su tesis The Synthesis of Music and Dance: Performance Strategies for Selected Choreographic Music Works por Karlheinz Stockhausen, de la Universidad de Monash. Como compositora, Karen ganó el Premio a la Mejor Música en 2006 en el Festival Fringe de Melbourne por su pieza de 50 minutos memorizada y coreografiada Ananke. También en 2006, realizó una gira por Australia con The Phonos Project, realizando su trabajo Io, junto con el artista en residencia compositor sueco Henrik Hansson, cuya composición Stadium apareció en el mismo programa. Karen ha realizado sus trabajos en Montreal y Edimburgo (comisión de Piazza Contemporary Collective 2007), Tokio (2009 y 2012) y Reikiavik (comisión de Duo Harpwerk 2009).

César Camarero (Madrid, 1962) se trasladó en 1977 a Nueva York, donde inició su formación musical. En 1985 regresó a España, y fue alumno en Madrid de Luis de Pablo y de Francisco Guerrero. Su obra tiene influencias de Morton Feldman, Elliot Carter y F. Guerrero (con este último comparte la técnica de crear una partitura a partir de planteamientos matemáticos rigurosos); y, como señalaremos después, muchísimas más. Las obras de Cesar Camarero han sido interpretadas en numerosos festivales como los de Alicante, Trento, WDR Colonia, Festival Roma Europa, y, en Europa entera. Fue becario de la Academia Española de Bellas Artes en Roma, y de la Casa de Velázquez en Madrid. Entre los premios conseguidos, pueden destacarse los siguientes: Hannover Bienale (1997), Guido d’Arezzo (1998), Villa de Madrid (2001) o el Premio Nacional de Música (2006). También ha recibido encargos del Centro para la Difusión de la Música Contemporánea (CDMC), Orquesta Nacional de España y Junta de Andalucía, entre otros.

Luke Styles, australiano establecido en Londres, es un compositor prolífico de ópera, teatro y música instrumental. Sus óperas, incluyendo Macbeth y Tycho's Dream, se han presentado en Glyndebourne, Royal Opera House Covent Garden y el Festival de Perth. Sus óperas han explorado diversos mundos, incluidos el cabaret, la guerra y la ciencia ficción, y le han permitido profundizar en el lirismo sensual, el humor, el caos y la oscuridad en su música. Luke Styles es publicado y representado en todo el mundo por G. Schirmer / Music Sales. Luke fue el primer compositor joven en residencia de Glyndebourne (2011-2014), representado por IMG Artists (2015-2019) y el primer compositor en residencia en el Museo Foundling desde Handel (2015-2016). Las colaboraciones son fundamentales para el trabajo de Luke y esto ha llevado a nuevos trabajos con directores y solistas como Vladimir Jurowski, Mark Padmore y David Pyatt y conjuntos como London Sinfonietta, London Philharmonic Orchestra, Britten Sinfonia y Commonwealth Games. 

Así pues, en una noche sevillana fría y lluviosa, unos esforzados, y felices, espectadores, pudimos asistir a un acontecimiento “planetario” (Nueva Zelanda, Australia, Europa -y en ella España-, USA, Sudamérica… y todas sus confluencias, en el espacio y en el tiempo). Claro que siempre hay que descontar a algún que otro habitual de la “crítica food fast”. Pero por fortuna, la mayoría de los que acuden a un concierto como este lo hacen para disfrutar de la música, y en ella se incluyen la mayor parte de los “escribidores” (entre los que servidor pretende contarse). Intento no levantar ningún acta “notarial” o de “experto”, sino compartir, con quien así lo desee, lo mejor que puedo la experiencia de mi escucha. El poder del arte, y muy especialmente de la música, consiste en su capacidad para conmover, para conseguir que el receptor no sea el mismo “después” que “antes”. Misterium musicae: con razón dice Jaroussky que él no se siente un contratenor, sino solo un “músico”. Nada más y nada menos. La música es más que los sonidos: es lo que nos “dice”, su historia, su “fondo”, sus referencias, su “cara oculta” (como la de la Luna).

La primera impresión: qué grande es el mundo y qué pequeños cada uno de nosotros tomados aisladamente. Qué cerca y qué lejos está el universo globalizado: Nueva Zelanda, donde nació Sarah. Australia, de Timothy Phillips y Arcko, de Karen Heaths y Luke Style. USA: en Tampa, Florida, estrenó el 16 de julio de 2019 nuestra oboísta Silentium Amoris, sobre un poema de Oscar Wilde que ella encargó expresamente -y antes no se conocían en persona- a Jesús Rueda; en Nueva York vivió sus primeros ocho años de aprendizaje César Camarero; en Boston publicó la bióloga y ecologista Rachel Louise Carson su bello, impresionante y terrible Silent Spring en 1962. Y Europa: la continental, inspiradora de Phillips y “modelo” de Arcko Ensemble; la británica, lugar de acogida de Roper y de Style, juez y verdugo de Oscar Wilde (que, aunque bajo dominio británico, era irlandés, como Yeats, Shaw, Joyce, Becket, y murió indigente en París); a lo que tenemos que añadir que el estreno europeo de Neon Highway ha sido en Aberdeen, Escocia.

Pero ahora vayamos por orden. La actuación comenzó con solo cinco músicos en el escenario: flauta, clarinete en Si bemol, piano, violín (A. Tuñón) y violoncello. Se trataba de Pentesilea, quinteto de Jesús Torres, con una duración aproximada de 10 minutos y procedía de un encargo del INAEM y de Plural Ensemble, otro gran conjunto instrumental, volcado en los siglos XX y XXI, que fundó y dirige el argentino-español Fabián Panisello. Plural Ensemble y Panisello protagonizaron el estreno absoluto de esta obra en esta misma sala del Espacio Turina el 29 de octubre de 2017, dentro de “Encuentros Sonoros 2017”. Es una pieza de perfiles claros y refinados, en la que destacan los fuertes contrastes entre momentos apacibles con otros de una agitada y trágica intensidad, mostrando una riqueza rítmica y, sobre todo, tímbrica excepcionales. Naturalmente, no se puede hablar en este caso de música “descriptiva”; pero, teniendo en cuenta la íntima conexión que tiene Torres con la literatura, sobre todo con la poesía, de todos los tiempos, el título no creemos que sea gratuito, y no podemos sustraernos a su sentido evocador. Pentesilea (Πενθεσιλεια) se cuenta en el corpus mitológico homérico que era una reina amazona, hija de Ares y Otrere. A la muerte de Héctor, al frente de otras doce compañeras, acudió en ayuda de Príamo, y se distinguió por numerosas hazañas; pero no tardó en sucumbir a manos de Aquiles, que la hirió mortalmente en el seno derecho. Mas, al verla caer tan hermosa, Aquiles se enamoró de su víctima. Entonces Tersites (que según la Ilíada es el más feo -cojo, patizambo y jorobado- y cobarde de todos los griegos que participan en esta guerra) se burló de esa pasión. Eso concitó la famosa “cólera” del héroe, que dio muerte a Tersites.

La siguiente obra, de la australiana Karen Heath, no solo es evocadora, sino “invocadora”. Aunque tampoco “descriptiva” en el sentido convencional, Silent Spring es, desde su mismo título, un homenaje al libro de ciencias ambientales homónimo, escrito por la bióloga marina y zoóloga Rachel Louise Carson (1907-1964) y publicado el 27 de septiembre de 1962 por la Ed. Houghton Mifflin Harcourt de Boston. Un libro que es preciso conocer, ya que aborda uno de los problemas más graves que comenzó a producir el siglo XX: la contaminación que sufre la Tierra. Utilizando un lenguaje transparente y bello, el rigor propio del mejor análisis científico y ejemplos estremecedores, Carson denunció los efectos nocivos que para la naturaleza tenía el empleo masivo de productos químicos como los pesticidas, el DDT en particular. Se trata, por consiguiente, de un libro de ciencia que va más allá del universo científico para adentrarse en el turbulento mundo de "lo social". Su trascendencia fue tal que hoy está considerado uno de los principales responsables de la aparición de los movimientos ecologistas a favor de la conservación de la naturaleza. De hecho, consiguió lo que pocos textos científicos logran: iluminar nuestros conocimientos sobre procesos que tienen lugar en la naturaleza y despertar el interés de la sociedad tanto por la ciencia que es necesaria para comprender lo que sucede en nuestro planeta, como por la situación presente y futura de la vida que existe en él. Hay traducción castellana: Primavera silenciosa, Barcelona, Ed. Crítica, Col. Drakontos, 2019 (trad. Joandomènec Ros). La autora fue galardonada póstumamente con la Medalla Presidencial de la Libertad por el presidente Jimmy Carter. Y una curiosidad notable (los “juegos” de la vida): la autora, que murió de cáncer de mama e infarto de miocardio con 57 años, vino a este mundo y lo abandonó en dos localidades con la palabra Spring, como su magna obra, en su nombre: Springdale, PA, y Silver Spring, MD.

¿Cómo podríamos adentrarnos en esta creación de Karen Heath, Silent Spring, sin esos antecedentes? Aquí los instrumentos aumentan hasta nueve: flauta, oboe, clarinete contrabajo en Si bemol, piano, dos violines, viola, violoncello y contrabajo. Y aparece como director Timothy Philips (también S. Roper es la primera vez que toca con Taller Sonoro). Con una duración de 11 minutos, es un encargo de Arcko Symphonic Ensemble, y está dedicado a ese grupo y a T. Phillips. El estreno absoluto tuvo lugar en Carlton, un distrito o “municipalidad” de Melbourne, en la Church of All Nations (un templo que es sede habitual de conciertos), a cargo de los dedicatarios, el 27 de octubre de 2017. Dice la autora: “La pieza busca ilustrar el viaje que la humanidad está llevando a cabo actualmente mientras lucha contra la huida, la desinformación y diversos grados de acción e inacción”. Y lo hace conmovidamente, de modo inmersivo, lo que da lugar a una belleza al tiempo lejana y familiar, que es un eco vivo del libro de Rachel Carson. Karen Heath, además de compositora, es clarinetista (por eso el papel del clarinete contrabajo se une al del oboe, como destacados protagonistas).

Sentimos un fuerte aliento de “parentesco”: la relación artística entre España y Australia ha sido siempre escasa, por su lejanía geográfica; pero, de pronto, descubrimos que la afinidad en lenguaje y estilos musicales, antes impensada, es estrecha y cercana. Once minutos pregnantes, brevísimos para los oyentes, magistralmente servidos por los intérpretes, que enlazan con algo que antes ignorábamos: la potente implicación de los artistas australianos de nuestro tiempo con los problemas medioambientales (por eso son estremecedoras las noticias que nos proporcionan los medios de comunicación sobre los terribles y devastadores incendios australianos). Heath y Phillips conectan con la “tradición moderna” de aquel país: no es música ortodoxamente “vanguardista” (mas no hay que olvidar qué anticuado es ya Darmstadt), pero tampoco tonal; la tímbrica y las texturas, las dinámicas y los ritmos, son, a la par, innovadores y “clásicos”, y nos remiten a “viejos” conocidos de tiempos no lejanos. Desde Percy Grainger (Melbourne, 1882; trasladado a Estados Unidos en 1914, donde adquirió la nacionalidad en 1918 y murió en 1961), que imaginó una música de “tonos deslizantes”, inspirada, según dijo, por las olas que miraba en su casa de Brighton (otro “suburbio” -en el sentido anglosajón, no tercermundista- de Melbourne), hasta la Música del sol de Peter Sculthorpe (Launceston, Tasmania, 1929-Sídney, 2014) o la poesía naturalista de las composiciones de Margaret Sutherland (Adelaida, 1897-Melbourne,1984), hay una larga cadena de autores y obras (Alfred Hill y sus “impresiones”; Henry Tate, la música indígena y los sonidos ambientales; Nigel Butterley y La curruca de garganta blanca, donde resuenan John Cage y Olivier Messiaen; David Lumsdaine y más cantos de pájaros; Ross Edwards y los insectos; sonidos ambientales con instrumentos onomatopéyicos, como la lámina de hierro corrugado de Andrew Schultz en Journey to Horseshoe Bend, o los geófonos o tambores de arena de Roger Smalley y Liza Lim -nacida en Perth de padres chinos- para imitar el ruido de las olas…; ¿larga cadena? Interminable, diríamos) concentradas en esos temas, a la que se suma, legítima heredera, Karen Heath con esta Silent Spring, de honda y melancólica hermosura, dulce y acongojante… Hay millones de mundos de alegrías y horrores, pero están en este.

Y de un ensemble de nueve instrumentos pasamos al formato más reducido de la velada: dúo para oboe y piano. Sarah Roper e Ignacio Torner, y Silentium Amoris de Jesús Torres. En su frecuente vinculación con textos poéticos, Torres le pone ahora música a un poema de Oscar Wilde, con ese mismo título, publicado en la antología de 1881, Poems, que fue su primer libro. Wilde lo escribió bastantes años antes de ser sentenciado a dos años de trabajos forzados (en la prisión de Reading compuso su famoso De Profundis; sin embargo, la Balada de la cárcel de Reading está escrita posteriormente, en Berneval, Francia, un año después de ser puesto en libertad, pero no exento de ignominia, como sabemos). Aunque casado, y con hijos, su condición de homosexual (hablando con propiedad, bisexual) le acarreó la absoluta repulsa de la “puritana” e hipócrita sociedad victoriana (que coincidió casi exactamente con los años de su vida). Se cuenta que, cuando sus ministros propusieron a Victoria la promulgación de una ley prohibiendo la homosexualidad femenina, la reina exclamó, escandalizada: “pero ¿cómo se puede prohibir algo que no existe?” (o sea: una ley como la que prohibiese que los burros volaran). El poema Silentium Amoris consta de tres estrofas de seis versos (18 en total) y Torres ha compuesto su música con una pequeña introducción del oboe y el piano, que se interrumpe para dar paso a un lector del poema (hoy, el violinista A. Tuñón, en su traducción castellana): As often-times the too resplendent sun / Hurries the pallid and reluctant moon (Como a menudo el resplandeciente sol / persigue a la pálida, reacia luna) son los dos primeros, y los finales, señalando el destino de la partida hacia unas nuevas tierras, dicen: Thou to some lips of sweeter melody, / And I to nurse the barren memory / Of unkissed kisses, and songs never sung. (Tú hasta unos labios de dulces melodías, / y yo hacia el refugio de mi estéril memoria, / de besos apenas insinuados y canciones nunca cantadas). Se retira el recitador y sigue una glosa musical en la que “tú” y “yo” son el piano y el oboe, en un diálogo de amor y de libertad. En total, cinco minutos, solo cinco, pero qué inmensos.

El cuarto escalón del programa fue Reverso II de César Camarero, el cosmopolita madrileño que vive habitualmente en Sevilla porque dice que en la mediana ciudad tiene todas las ventajas y ninguno de los inconvenientes que hay en la capital del Estado. La obra es un verdadero clásico de la música española de hoy, con ser la más antigua en fecha de composición (2001) de las que escuchamos esta noche. Su duración es de 6 minutos y su instrumentación consta de flauta, clarinete en Si bemol, percusión (vibráfono), piano, violín y violoncello. Su estreno tuvo lugar el 1 de junio de 2002, a cargo de Plural Ensemble y Fabián Panisello, en el Festival Ensems de Valencia. Ha sido interpretada en numerosas ocasiones: Auditorio del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía el 3 de julio de 2006, Ensemble Residencias (Trío Arbós, Neopercusión, José Luis Estellés, Juan Carlos Chornet); Ciclo Música de Hoy, Auditorio Nacional, Proyecto Guerrero, dirigido por Beat Furrer, el 31 de marzo de 2007, etc., etc. De momento, esta es su ejecución más reciente (Camarero y Taller Sonoro colaboran asíduamente). Pero seguro que se seguirá programando en el futuro. Su idea generatriz es “la obra dentro de la obra”, un concepto que está presente en el arte y la literatura de distintas épocas. Aun en su brevedad es como una “sinfonía en miniatura”. Las características del lenguaje de Camarero presentes en esta obra son la aparición de hoquetus, heterofonías y homofonías combinadas, empleo de líneas al unísono en fase y desfase, polirritmos, etc… Además de lo escrito más arriba, este compositor, que es persona de amplísima cultura y una dimensión inequívocamente poética, tiene innumerables enlaces, musicales y culturales, como Alejandra Pizarnik, Vicente Huidobro, Juan Eduardo Cirlot, Juan Larrea, Alberto Caeiro, la última música de Mario Davidovsky, José Luis de Delás, Emmanuel Nunes, Franz Joseph Haydn, Carlos Kleiber y la Filarmónica de Viena con sus grabaciones de la Quinta y la Séptima sinfonías de Beethoven para el sello Deutsche Grammophon, que tanto le han influido a la hora de componer. Hay que destacar, igualmente, sus reflexiones sobre distintos parámetros de la música y del arte en general. Para él, “en el arte no hay contenido, sólo hay forma. Es decir, no hay un “mensaje” o “contenido” independiente de la forma -y que esté de alguna manera “contenido dentro de ésta”-, sino que “el contenido es la forma misma”.

Asimismo, se siente alejado de la creencia actual de que no se pueden usar ciertos elementos musicales por estar obsoletos, aunque tampoco se plantea las influencias que existen en su música de otras obras del pasado. Por ejemplo, el hoquetus una técnica rítmica lineal que consiste en la alternancia de la misma nota, altura o acorde. En la Edad Media, era una melodía que se compartía de forma alternativa entre las diferentes voces de una obra, normalmente dos, de manera que cuando una voz cantaba sus notas, el resto permanecían calladas hasta que alguna de ellas recogía la línea melódica y la anterior permanecía en silencio. Esta técnica fue característica de la música de los siglos XIII y XIV y se dio por primera vez en algunos conducti y motetes. Fue predominante en la música sacra de la Escuela de Notre Dame durante el Ars Antiqua. Posteriormente, la técnica se fue abandonando, aunque algunos compositores clásicos continuaron usándola. Con el paso del tiempo, derivó en el contratiempo (sonido métrico que ocurre por la aparición de silencios en las partes del compás -o del tiempo- normalmente acentuadas que alternan con sonidos que se presentan en las partes no acentuadas), aunque este ya no seguía estrictamente la estructura inicial del hoquetus. Son pocos los ejemplos que se conservan y prácticamente todos ellos son obras instrumentales o vocales escritas a tres voces.

En cuanto a la interpretación de sus obras, César Camarero le da mucha importancia al concierto “como momento de comunicación poética, el momento en el que está sucediendo la obra” y a trabajar directamente con los intérpretes, para ofrecerles su colaboración a la hora de montar sus propias obras. Merece la pena habernos detenido en este “sevillano del mundo”, Premio Nacional de Composición y, sin discusión, gran clásico de nuestro tiempo. Naturalmente, Camarero estaba en la sala y subió al escenario a saludar, con su corpachón y su gesto sempiterno de no darse importancia.

Esas obras y sus compositores, estos intérpretes, nos iban “atrapando” (igual que los buenos compañeros, con amor y advertencias), mas llegó el momento de la despedida. Luke Styles. australiano y británico, también estaba presente. Y su Neon Highway convocó a todos los intérpretes de la noche (salvo Ignacio Torner y su piano): flauta, oboe, clarinete en Si bemol, fagot, trompa, trombón, percusiones, dos violines, viola, violoncello, contrabajo); doce, dirigidos de nuevo por Timothy Phillips. El autor escribió: “Esta pieza ha sido compuesta con los principales solistas y conjuntos en mente. En particular, el fenomenal oboísta Ben Opie, a quien está dedicada. La otra oboísta que ayudó a alimentar la composición fue Sarah Roper. Con T. Phillips, que dirige las actuaciones de Melbourne y Sevilla, he compartido ideas; él, generosamente, ha aportado información para mi trabajo. Curiosamente -añade- Timothy, Sarah y yo fuimos estudiantes en Alemania, en la Karlsruhe Hochschule für Musik [Karlsruhe es la segunda ciudad del Bundesland alemán de Baden-Würtemberg, cuya capital es Stuttgart; también Karlsruhe es la sede del Tribunal Constitucional Federal y del Tribunal Federal -equivalente al Tribunal Supremo español-, por lo que es llamada “la ciudad de la Justicia], aunque en diferentes momentos. Es extrañamente maravilloso cómo ocurren cosas así…”.

Ben Opie la estrenó, junto con Arcko Simphonic Ensemble, dirigido por T. Phillips, el 25 de octubre de 2019, en un recinto, un templo, St Stephen’s Anglican Church, de Richmond, otro “suburbio” o “distrito” de Melbourne, Estado de Victoria. Para la historia, este estreno mundial fue la obra central de un concierto de “nueva música australiana”, que completaron las obras de Liza Lim, Ochred String (ob, vla, vc, cb); Katia Tiutiunnik, Adone (fl, ob, cl, fg, vl, vla, vc, pn, perc); y Elliott Gyger, Ingressa (picc, ob, cl bajo en Si bemol, cb, tpa, 2 perc,, pn/cel, arp, 2 vl, vla, vc, cb-gr).

Entre las presentaciones de Australia y España, Neon Highway se estrenó en el Reino Unido el 1 de noviembre de 2019, en Aberdeen, Escocia, dentro del 'Sound Festival of Aberdeen'. Allí, el conjunto fue Red Note Ensemble, y el solista de oboe Nicholas Daniel. También está prevista su interpretación en Londres, por el Riot Ensemble. El estreno absoluto en Australia fue patrocinado por un donante anónimo y por el Australian Music Centre, y el de Gran Bretaña por un donante anónimo (¿tal vez él mismo?) y el Sound Festival. Con una duración aproximada de 15 minutos, tiene tres movimientos: rápidos los dos extremos, I y III (en los que el oboe profundiza en sus cualidades melódicas y vocales, como máximo protagonista, junto a otros instrumentos individuales en plano secundario), mientras en el central, II, domina un carácter abiertamente rítmico que, finalmente, se transforma en bloques de información armónica que se une a las líneas melódicas, angulosas, del oboe. Todo el conjunto respira un aire desolado y estremecedor: el oboe alcanza el clímax de su presencia como en ninguna de las otras obras, salvo, quizá, su diálogo con el piano en Silentium Amoris: ninguna de las demás piezas merece, como esta, el nombre de “concierto para oboe”. No obstante, al final regresa un hálito de paz que nos hace sentir la copertenencia de serenidad y tragedia, de raíz inmemorial. No es posible dejar de mencionar a Nietzsche y su Geburt der Tragödie aus den Geiste der Musik, donde van de la mano “júbilo” y “tragedia”, tal como la entiende el filósofo, que, así, nos devuelve al sentido “nouménico”, a la expresión como “voluntad”, no como “representación”, al bei-sich-sein (“estar consigo mismo” o “volver al hogar”) de la Música. La Música, que siempre es más que el sonido y el silencio…

Salimos a la calle. Ha dejado de llover y hace menos frío. Hemos sido agraciados con tres estrenos españoles (casi absolutos), y un raudal de poesía y naturaleza: ahora sabemos que el universo es más largo, ancho y hondo y que la frase nacionalista sólo vale si es planetaria: “no nos preguntemos qué puede hacer el mundo por nosotros, sino qué podemos hacer nosotros por el mundo”.

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