Nueva exhumación en versión de concierto por parte del Teatro de la Zarzuela de un título de la lírica española que vivía en un completo ostracismo desde su estreno. En esta ocasión le ha tocado el turno a Farinelli, una ópera del salmantino Tomás Bretón que vino a engrosar en 1902 la programación del recién inaugurado Teatro Lírico de Madrid, un proyecto ambicioso de consolidación de la maltratada ópera española auspiciado por el empresario vasco Luciano Berriatúa.
En efecto, ese coliseo obra de José Grases Riera, que unos años más tarde, en 1920, sería pasto de las llamas, y que en la actualidad es el Consejo General del Poder Judicial, venía a ser la gran esperanza blanca que salvara a la ópera patria, que no terminaba de cuajar por la omnipresente influencia italiana del Teatro Real, del cual fue durante muy escaso tiempo decidido…
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