Libros y Partituras

Una buena antología de canciones

Maruxa Baliñas

jueves, 26 de marzo de 2020
ABAD, Federico. Cancionero popular. 100 canciones con acordes (para teclado o guitarra). Un libro de 125 páginas editado en Sevilla, por la Editorial Berenice /Almuzara (colección Sinatra), en marzo de 2020. Precio: 17€. ISBN: 978-84-17797-91-1
Abad, Cancionero popular © 2020 by Editorial Almuzara

Recién acaba de aparecer en el mercado (marzo de 2020) un nuevo libro de Federico Abad, que es más bien una antología de cien canciones populares con una pequeña introducción de apenas cinco páginas y un índice final donde presenta nuevamente la lista de las canciones indicando al lado su ámbito, tonalidad y ‘Peculiaridades’, un apartado en el que brevemente indica las dificultades rítmicas o melódicas -o cualquier cuestión de lenguaje musical- que plantea cada canción.

Estamos por lo tanto ante un libro eminentemente práctico, claramente enfocado a la práctica en las aulas con flauta escolar, aunque la mayoría de las canciones también son cantables, a una sola voz. Poca originalidad por lo tanto en el planteamiento del libro.

Las canciones, copiadas con el programa MuseScore, uno de los más utilizados en el aula porque es gratuito y se adapta igualmente a Linux que a Windows o Mac OS, están muy bien seleccionadas y debo confesar que ya he tocado la mayor parte de ellas, aprovechando que estoy ‘confinada’. En su mayoría son canciones españolas, 78 de las cien, y en el caso de las canciones en otros idiomas se pone el texto original (excepto en el caso de la canción rusa Kalinka, la hebrea Hava Nagila, y la hawaiana -supongo- que se utiliza una transcripción fonética), algo que normaliza ante los alumnos el hecho de cantar en otras lenguas. 

Y, como ya me ha ocurrido con otros libros de Federico Abad, enseguida he seleccionado cosas para hacer con los alumnos en el aula, no sólo tocar las canciones con flauta, sino también aprovecharlas para explicar esos temas de ‘la forma musical’ que el Ministerio de Educación Español nos exige que enseñemos a los alumnos de 13-14 años, esos mismos que en su mayoría aún acaban de aprender el nombre de las notas y las figuras musicales, y no acaban de captar bien para qué sirve un compás y por qué la profesora se empeña tanto en que ‘rellenen compases’. Es una de las ventajas de la música tradicional, que sirve para todo.

Ha sido además una alegría encontrar algunas canciones que canté de pequeña y que ya no recordaba. Se agradece además que Abad se haya molestado en copiar los textos completos -o por lo menos bastantes estrofas- de las canciones y no sólo una o dos, como suele ser lo habitual.

Si el formato no es original, si la selección es buena pero tampoco ofrece grandes sorpresas, si hay otras antologías semejantes, ¿qué convierte en atractivo a este libro? Pues simplemente la combinación de conocimientos y sencillez, algo que falta en muchísimos de los libros semejantes que he comprado para utilizar en el aula. De hecho, yo sigo utilizando a menudo en clase unas antologías semejantes a esta de Abad editadas por Juan Hidalgo Montoya hace cerca de cincuenta años y que ahora son difíciles de conseguir incluso en librerías de viejo, excepto el Cancionero de Navidad (1972) y unos pocos más que se sigue reeditando. Abad, como Montoya, ordena las canciones alfabéticamente y no por dificultad, que es un concepto poco claro porque -en la práctica- los alumnos tienen un concepto de ‘dificultad’ y ‘facilidad’ distinto del de los profesores de música.

A esto hay que añadir la comodidad de tener todas las canciones juntas y saber que no tienen errores, que la armonización puede ser discutible pero nunca equivocada, y que al profesor/a le queda poco trabajo por hacer. El nivel de dificultad es bajo, y es probable que algunos alumnos encuentren las canciones demasiado fáciles, pero los que más trabajo suelen dar son los alumnos de nivel medio y bajo -la mayoría- porque a los que les gusta y saben, es muy fácil encontrarles canciones para que toquen.

En la portada del libro Abad habla también de intérpretes “maduros”, pero este es un campo que tengo mucho menos claro. Me parece que son muy pocos los adultos que aún siguen tocando la flauta escolar por placer, aunque sin duda este coronavirus nos está obligando a plantearnos actividades que acaso por tan sencillas habíamos olvidado.

En resumen, este es un libro recomendable para profesores de música, tanto de primaria como de secundaria, con una selección adecuada de canciones y un nivel de dificultad bien calculado para la inmensa mayoría de los alumnos.

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