Ópera y Teatro musical

Los cantantes líricos, esos parásitos

Redacción

martes, 5 de mayo de 2020
Alfonso Antoniozzi © 2020 by A. Antoniozzi

En su blog Tutta la musica è leggera, el cantante Alfonso Antoniozzi publicó el pasado 13 de abril un artículo sobre la situación de los cantantes líricos italianos que no sólo es interesante en sí mismo sino que, por desgracia, resulta extrapolable a otras realidades nacionales o supranacionales. Nos ha dado permiso para reproducirlo citando la fuente.

Los cantantes líricos, esos parásitos

Cada vez que se intenta poner bajo los reflectores la precariedad de nuestro sector hete aquí que llegan puntualmente los comentarios de quienes dicen que no deberíamos lamentarnos, que el mundo de la lírica es un mundo dorado, que somos parásitos subvencionados por el Estado, que tenemos sueldos de ricachones, que no se entiende por qué hay que dar dinero a la lírica cuando le gusta a pocos, etc., etc.

Procuraré, concisamente y de manera más bien directa, explicaros cuál es la situación, y tal vez lograré por una vez disipar determinados mitos.

1) Empecemos por dejar sentado un concepto básico: la profesión de cantante lírico es costosa. Calculando que, como promedio, hay cuarenta días de trabajo para un espectáculo, el cantante lírico incurre en gastos para la preparación del papel con el pianista, para el viaje, para el alojamiento, para las comidas.

No, no recibimos una dieta diaria. Sí, todos los gastos corren por nuestra cuenta y el Estado nos permite descargar de la base imponible sólo un porcentaje de dichos gastos.

2) A menudo al cantante lírico se le paga tarde. Muchos contratos tienen una cláusula de pago a tres meses, otros a seis. Con bastante frecuencia los términos de pago no se respetan. Nuestras facturas sin embargo siguen llegando sin preocuparse por las dificultades financieras de las Fundaciones. Existe, obviamente, el mecanismo del requerimiento de pago, pero prueben ustedes a hacer juicio a quien podría seguir dándonos de comer y después hablamos. Yo lo he hecho: ese teatro en concreto no me ha vuelto a  llamar.

3) No tenemos ninguna forma de amortización social. No voy a perder más tiempo: ninguna.

4) Se nos paga por representación. Esto significa que, si por un motivo u otro (resfriado, fiebre, laringitis, un medio de locomoción nos embiste) debiéramos anular una representación, dos, o todo el espectáculo, perderíamos dinero. Si por un azar desdichado tuviésemos que renunciar a las representaciones después de haber completado todo el período de ensayos (por ejemplo, el caso COVID-19), como no percibimos una dieta diaria, no veríamos ni un euro. Los días de ensayo no se pagan: si no hacemos las representaciones desaparecen incluso del cómputo de la pensión, como si nunca hubiéramos trabajado. Todo lo que hayamos gastado hasta ese día corre por nuestra cuenta.

5) Con pocas excepciones, un cantante lírico con una carrera bien consolidada cobra, como promedio, alrededor de cuatro o cinco mil euros por función. Cada producción, es decir cada título que sube a escena, va de las cuatro a las ocho funciones. Ningún cantante hace las ocho porque hay siempre dos repartos que se alternan, cosa que permite el descanso de la voz y que el teatro pueda disponer siempre de alguien a quien convocar en caso de enfermedad de uno de los protagonistas.

6) La media de funciones de un cantante lírico con una carrera bien consolidada es de unas veinte o veinticinco funciones anuales, lo que quiere decir seis producciones. Si el cantante es tan afortunado que logra entrar en el régimen mínimo ganando 60.000 euros anuales, a esta cantidad hay que restarle el 15% de impuestos, las contribuciones pagadas y al menos unos quince mil euros de gastos directos (alrededor de 2500 por producción), y tengan ustedes en cuenta que estoy haciendo una consideración por lo bajo. Quedan unos treinta y cinco mil, a los que hay que restar el diez por ciento más iva que hay que pagar al agente (porcentaje que gracias a Dios se reconoce en su totalidad, al menos este, en la declaración de Hacienda). Digamos que al final de todo este mecanismo hemos vuelto a unos treinta mil, que divididos por doce dan aproximadamente dos mil quinientos euros por mes. Obviamente si se gana más, saliendo así del régimen mínimo, la carga fiscal se hace más pesada.

7) No toco el capítulo "contribuciones previsionales pagadas en el exterior" y dificultades varias para lograr que se las incluya en el sistema contributivo italiano, porque no quiero aburrir. Pero tenéis que saber que el problema existe.

8) Con poquísimas excepciones, o sea los pocos divos que residen en paraísos fiscales, el cantante lírico es la única profesión liberal en Italia de quien se puede decir sin la menor duda que paga los impuestos hasta el último céntimo: ya que estamos contratados por Fundaciones, o en cualquier caso por teatros asimilados a la administración pública, no es ni de lejos pensable trabajar “en negro”, y hace tiempo que se nos obliga a emitir una factura electrónica.

9) El cantante lírico es una figura de elevado nivel profesional. Contrariamente a lo que la gente suele pensar, no abrimos la boca y respiramos. Hacen falta años de preparación, de entrenamiento constante, una gran inclinación al estudio, una memoria férrea, capacidad de mediación, sentido del ritmo, afinación precisa, una técnica que permita ser oído sin micrófonos,  nervios de acero, capacidad para actuar. El motivo por el cual en el transcurso de una carrera llegamos a cobrar determinadas cantidades es el mismo por el que, sólo para dar un ejemplo, un excelente abogado con años de experiencia y muchísimos juicios ganados cobra mucho más que otro que está en el comienzo de la carrera.

10) Un principio que parece no tenerse en cuenta en la Italia, donde parece imperar el principio de “uno vale uno” es que no hay nada de escandaloso en el hecho de que quien es sumamente capaz en una profesión sumamente exigente y selectiva sea bien remunerado, por supuesto siempre que respete la ley y pague sus impuestos hasta el último céntimo.

11) La lírica, aunque no os guste el género, recibe fondos estatales por el mismo motivo por el cual otros sectores que a mí no me interesan reciben fondos estatales: se denomina “sociedad civil”. De otro modo podría hacer el mismo razonamiento y decir que no entiendo por qué hay que financiar parvularios ya que no tengo hijos, o el deporte porque me aburre. Un razonamiento que no hago porque el concepto antes expuesto lo tengo bastante claro.

Concluyo diciendo, con total honestidad y sencillez, que si en el mundo se habla italiano es gracias a la ópera, que en todos los rincones del planeta seguramente Verdi es más conocido que Manzoni o Alfieri, que el melodrama es una cosita que nos inventamos los italianos exportándola a todo el mundo desde finales del siglo dieciséis hasta hoy y que, si por una serie de motivos que no comprendo, queremos matarla, son ustedes muy libres de hacerlo, pero tomarla con los supuestos salarios faraónicos significa atacar a toda una clase trabajadora sepultándola en un mar de mentiras, prejuicios e informaciones recogidas de oído.

Pero, por sobre todo, contribuye a dar la imagen de artista=parásito de la sociedad: volvamos a hablar, si os va, de parásitos la próxima vez que os digan “con factura serían mil, pero sin son setecientos”, o cuando vuestro trámite quede encallado durante meses en un despacho o, para volver a mi terreno, todas las veces que os acordéis de pronto de vuestra gran amistad con este o aquel cantante lírico sólo para entrar en un teatro sin pagar entrada.

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