España - Canarias

En la distancia y en la cercanía

Maruxa Baliñas

martes, 7 de julio de 2020
Altamira, jueves, 2 de julio de 2020. Sala privada de Gustavo Díaz-Jerez. Antonio Soler, Sonatas nº 24 en re menor y nº 10 en si menor. Gustavo Díaz-Jerez, Homenaje a Antonio Soler (de Metaludios, cuaderno I, 2013). Louis Couperin, Prélude non mesuré, en mi menor. Gustavo Díaz-Jerez, Prélude non mesuré (de Metaludios, cuaderno III, 2015), "L-System" (de Metaludios, cuaderno IV, 2019, estreno absoluto) y Stheno (de Metaludios, cuaderno I, 2013). Gustavo Díaz-Jerez, piano. Ciclo 'Quédate en casa' organizado por 'El compositor habla'

Un concierto nuevo para un tiempo nuevo. El compositor habla decidió crear un ciclo de conciertos para la época del confinamiento, que he ido siguiendo regularmente todos los jueves desde el 21 de mayo, bajo el título de 'Quédate en casa'. Una experiencia agridulce: por un lado la ocasión de escuchar música en directo y de un modo que acerca mucho el intérprete al público, ya que los conciertos se retransmiten desde los domicilios o desde lugares privados elegidos por los artistas, lo que da la sensación de que están tocando sólo para tí, sin intermediarios; pero al mismo tiempo de un modo distante, ya que convierte la escucha en experiencia individual y un poco solitaria, incluso aunque sepas que otros amigos están escuchando ese mismo concierto al mismo tiempo y que al terminar lo comentaremos como siempre. Si digo que me falta la parte social, puede parecer que asisto a los conciertos no por la música, sino por figurar y no es así en absoluto, pero yo nunca he sido una gran discófila -¡envidiaba tanto a aquellos que tenían muchos discos en casa y además podían comprar lo que querían!- mientras desde la infancia tenía acceso a bastantes conciertos donde los intérpretes podían ser de mayor o menor calidad, pero me resultaban gratuitos o casi. Y como pueden suponer, escribir en Mundoclasico.com me ha permitido continuar con esta vida de 'lujo concertístico' no tanto como desearía, pero ciertamente de un modo que no hubiera soñado en mi infancia de ciudad pequeña y provinciana, de modo que la grabación ha sido para mí más un recurso de trabajo que de placer estético. 

Aún no sé si conseguiré acostumbrarme a este nuevo modo de escuchar música o si saldré de esta pandemia convertida en una persona anclada en un pasado añorado e idílico, pero en todo caso, con esta reseña voy a escribir mi primera crítica de un concierto online, que no es en absoluto lo mismo que una grabación, aunque a primera vista pueda parecer que hay bastantes similitudes. En primer lugar porque el concierto online mantiene la 'artesanía' de la interpretación única e irrepetible, mientras la grabación es un producto claramente manufacturado, tanto que a veces al escuchar un disco te preguntas cuánto es real y cuánto producto de un personal técnico de sonido que puede -y lo hace- manipular cualquier elemento de la música. 

Este séptimo concierto del ciclo, a cargo de Gustavo Díaz-Jerez (Tenerife, 1970), propone una estructura que se ha convertido en bastante habitual y que en general me gusta: la combinación de lo histórico y lo actual. En este tipo de programa asoma a veces la sensación de que el intérprete te está metiendo las dosis de música actual como quien cuela las espinacas o cualquier otro alimento sanísimo en medio de algo que te gusta para que 'disimule' el sabor y te vayas 'acostumbrando', pero no es el caso de Díaz-Jerez, donde este continuo movimiento entre música histórica y actual es totalmente coherente porque la música nueva es precisamente la que ha compuesto él desde su visión personal del pasado, no es contraste, es simbiosis. 

Hay así un juego continuo y riquísimo entre pasado y presente, porque a veces tendemos a olvidar que toda música es presente (como nos recuerda el Alte Museum de Berlín: "Todo arte es actual") y que cuando Díaz-Jerez toca a Louis Couperin o Antonio Soler, como hizo en esta ocasión, los está tocando como música de 2020, no como sonaron y fueron percibidos por sus oyentes en el siglo XVII o XVIII, respectivamente. Sus propios 'metaludios' sobre estas obras son sólo un aspecto más de su interpretación de la música del pasado y de este continuum

Y de hecho, cuando tras escuchar las dos Sonatas de Soler empezó su propio Metaludio 'Homenaje a Antonio Soler' sentí un ligero desagrado, o cuando menos desazón, porque la obra me sonaba demasiado vinculada al piano decimonónico -Chopin, Liszt y demás- cuando yo esperaba una re-interpretación moderna de algo antiguo. Pero cuando llegó el segundo Metaludio ya había entendido el juego, o eso creo. Díaz-Jerez es pianista, y por lo tanto la música para piano romántica es una parte de su identidad, una de las habitaciones de su hogar, pero eso no lo invalida sino que enriquece su interpretación de Soler y de su música presente. La eterna paradoja de que no se puede renunciar al pasado porque en él está nuestro presente, y todo es pasado o futuro porque en realidad el presente es demasiado fugaz para tenerlo en cuenta. 

Díaz-Jerez en una de sus intervenciones habladas durante el concierto -otra diferencia con la grabación- se refirió a su Metaludio 'Homenaje a Antonio Soler' como "un hijo o hija de estas sonatas" de Soler y habló de que su obra utiliza "los genes de Antonio Soler". El concepto quedó mucho más claro en la siguiente parte del concierto, el Prélude non mesuré de Louis Couperin (1626-1661) y el Metaludio del Prélude non mesuré, donde a la peculiar notación de Couperin le añade Díaz-Jerez el uso de una escala muy peculiar, la escala Bohlen–Pierce, y una pista electrónica pregrabada basada lógicamente en esta pieza de Couperin como material base. Los 'preludios sin medida' de Couperin, como los de otros compositores del XVII (con antecedentes en el XVI y que se pueden enlazar con la música aleatoria del XX), tienen una notación muy personal, especialmente en lo rítmico, ya que no se indican las figuras musicales ni los compases, sino unos simples arcos que agrupan notas, lo que obliga al intérprete a 'crear' la melodía al darle la duración a cada nota, y por supuesto los acentos y articulaciones de la obra, lo cual complica Díaz-Jerez con el uso de esta escala Bohlen-Pierce en el Metaludio correspondiente. Y sin embargo, si están ustedes asustándose con todo esto -especialmente si han intentado comprender esta escala- e imaginando una música altamente compleja se equivocan. Seguramente Díaz-Jerez ha trabajado muchísimo en estas dos obras -Couperin y la suya- pero el resultado tiene la misma naturalidad musical que las obras previas de Soler y su Metaludio correspondiente. Es música, no matemáticas, y eso Díaz-Jerez lo tiene clarísimo: el público escucha un Couperin poco interpretado y una obra suya con la misma naturalidad y musicalidad que cualquier otra pieza más convencional, aunque tras ella haya un estilo que se suele agrupar genéricamente en el "espectralismo algorítmico". 

Los dos Metaludios que completaron el concierto mostraron esta misma tensión entre pasado y presente y entre sensibilidad musical y técnica compositiva. L-System (de Metaludios, cuaderno IV, 2019) era un estreno absoluto y nuevamente resultó una obra muy gratificante, a pesar de que Díaz-Jerez vuelve a 'complicarse la vida' con una composición basada en el L-System o sistema Lindenmeyer (Aristid Lindenmayer, 1925-1989, un botánico húngaro que desarrolló un lenguaje formal basado en las fórmulas de crecimiento de las plantas) que Díaz-Jerez relacionó con su pertenencia a la Real Academia Canaria de Bellas Artes de San Miguel Arcángel (RACBA). Y precisamente en su discurso de entrada como académico de número de la RACBA interpretó la última obra del programa, Stheno (de Metaludios, cuaderno I, 2013), que como las obras anteriores nos explicó brevemente en directo. Nuevamente dos obras complejas con sus referencias al espectralismo, el uso de fractales y otros algoritmos matemáticos, la electrónica, la informática musical, etc., corrientes que no son precisamente las más 'sencillas' de escuchar para el público no acostumbrado a la música actual, pero que en el caso de Díaz-Jerez se integran tan perfectamente en la tradición musical, en el 'museo de la historia de la música', que predominan la naturalidad, la musicalidad y una acaso 'falsa sencillez'.  

Sólo me queda añadir que el concierto tuvo un buen sonido y que fue una grabación interesante visualmente, ya que la cámara no se limitó a un único punto de visión, el habitual plano general corto frontal que muestra el perfil derecho del pianista, sino que se atrevió con algunos planos picados cercanos al plano cenital, algo que no se suele ver en un concierto en directo. 

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