Estudios fonográficos

Los Poemas de la locura de Hölderlin, y Scardanelli-Zyklus de H. Holliger (1/3)

José-Luis López López

martes, 14 de julio de 2020
Hölderlin: Poemas de la locura © 2020 by Ed. Hiperion

Hace unas fechas, Juan Carlos Tellechea nos recordaba, aquí, el 250º aniversario del nacimiento de Johann Christian Friedrich Hölderlin y la publicación de una nueva biografía suya de Rüdiger Safranski, con el título de Hölderlin. Kommt! Ins Offene, Freund! Según la descripción de Tellechea, aunque elogia la belleza de la obra de Safranski, no parece que esta aporte novedades significativas respecto de lo que sabemos sobre el poeta. Por eso, pensamos que será un buen complemento remitirnos a una interesantíma referencia, tanto bibliográfica como discográfica (aunque no sea una "novedad"), de la singular y misteriosa última creación de Hölderlin: esos poemas que, en palabras de Jenaro Talens, “representan la culminación de su obra (los a veces minusvalorados ‘Poemas de la locura’)”.

Mi descubrimiento de Hölderlin procede de los primeros años que estudié en la Universidad (comienzo de los 60, al principio en los dos Cursos Comunes de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla, luego en las especialidades de Filosofía y Filología Románica que cursé, simultáneamente, en la Universidad Complutense de Madrid). Yo aún no conocía la lengua alemana: comencé a estudiarla años más tarde, y mi gran ‘inmersión’ (aunque todavía incompleta) en este idioma, tras unos años de estudio previo, se produjo a comienzos de los 70, en un curso verdaderamente intensivo de dos meses del Goethe-Institut que tuvo lugar en Achenmühle, una idílica aldea del municipio de Rohrdorf, distrito de Rosenheim, Alta Baviera, en la ladera de los Alpes. Pero el joven estudiante, desde antes, se había aficionado muy pronto a la lectura del filósofo Martín Heidegger (del que había numerosas traducciones en castellano), y en Heidegger ‘bebió’ la devoción por el poeta. Nacido este el 20 de marzo de 1770 en Lauffen, entonces Ducado de Württemberg (a partir de 1806, Reino de Württemberg; en 1871, estado federado del Reich Alemán; en 1918, estado de la República de Weimar; luego, abolido por los nazis, y, tras la II Guerra Mundial, parte de las zonas de ocupación francesa y norteamericana; en 1952, tras consulta popular, constituye, junto con Baden, el Land de Baden-Württemberg de la RFA, con capital en Stuttgart, formando parte de la más amplia región histórica, cultural y lingüística de Suabia -hay quien traduce 'Schwaben' como 'Suevia', y a sus habitantes 'suevos' en lugar de 'suabos' o 'suabios'- junto con la división administrativa de ese mismo nombre del Land de Baviera con capital en Augsburgo). Pero, claro es, Hölderlin nació en el 'Ducado', en Lauffen, y murió el 7 de junio de 1843 en el 'Reino', en la antigua ciudad universitaria de Tubinga, a orillas del río Neckar.

La vida de Hölderlin es bastante conocida. Su padre, Heinrich Friedrich Hölderlin, era 'maestro de claustro' (administrador) de un seminario femenino de la Iglesia Evangélica (antiguo monasterio de monjas benedictinas, fundado en 1003, en el siglo XIII pasó a religiosas dominicas, que se resistieron a la Reforma protestante desde 1536 hasta 1553; el convento fue custodiado como una prisión, hasta que la última priora se marchó, utilizándose a partir de entonces como monasterio reformado de mujeres); casado en 1766 con Johanna Christiana Heyn, hija de un pastor pietista de Cleebronn. Pero dos años después del nacimiento de Friedrich, el padre murió de una apoplejía (5 de julio de 1772). La madre estaba embarazada y poco tiempo después (15 de agosto de 1772) nació Maria Eleonore Heinricke, la querida hermana 'Rike' (1772-1850). Johanna Christiana, con dos niños pequeños (otra hija, Johanna Christina Friderika, había muerto al poco de nacer), contrae nuevo matrimonio en 1744 con Johann Christoph Gock, amigo del primer marido, próspero comerciante en vinos y concejal (posteriormente alcalde) de Nürtingen, a unos 80 kms. al sur de Lauffen. Allí se traslada la familia, y Gock y Johanna Christiana tienen cuatro hijos, de los cuales solo sobrevive Karl Christoph Friedrich Gock, hemanastro del poeta (1776-1849), con el que tuvo buenas relaciones toda su vida. Pero el alcalde Gock, con solo treinta y cuatro años, murió a consecuencia de su heroico comportamiento durante una inundación en marzo de 1779. Y Johanna Christiana, que no se volvió a casar, quedó sola en el cuidado y la educación de sus hijos.

En lo que se refiere a Friedrich, es bien sabido que su madre, como hemos dicho fervorosa pietista, intentó conducirlo hacia el ejercicio del sagrado ministerio. En 1784 ingresó en un colegio preparatorio, en Denkendorf, distrito de Eichstätt, en el centro de Baviera, cerca de la orilla norte del Danubio. De allí pasó, como becario, para estudiar Teología, en la Stift de Tubinga (fundada como monasterio agustino en la Edad Media, mas, después de la Reforma, el duque Ulrich, convertido al protestantismo en 1523, transformó en 1536 ese convento en un Seminario que sirvió para preparar a los pastores protestantes de Württemberg). Allí fue amigo y compañero de los futuros filósofos G. W. F. Hegel y F. Schelling, y leyó a Spinoza, Leibniz, Kant, Fichte... También estudió literatura y filosofía clasicas griegas. Influido por Platón y por la mitología y la cultura helénicas, se fue apartando de la fe protestante, y se sintió atraido por los ideales de la Revolución Francesa (es el momento de la repetida anécdota -no se sabe si real o legendaria- del 'árbol de la libertad' plantado por los tres amigos). En 1793 salió del Seminario, provisto con la licencia que le permitía ejercer el ministerio evangélico; pero, al igual que Hegel y Schelling, descarta esa opción, a pesar de las presiones maternas. En los años siguientes, se dedica a hacer de preceptor de hijos de nobles y burgueses ricos. Pero tras un insatisfactorio primer intento, se instaló en Jena, uno de los principales centros intelectuales alemanes, y alli tuvo contactos con Goethe, Herder, Novalis y, sobre todo, Schiller.

Falto de recursos, en 1795 regresó al hogar en Nürtingen. En 1796 volvió a ejercer de preceptor en casa del banquero J. Gontard, de Fráncfort del Meno. Donde hay riqueza, suele haber belleza, y Friedrich se enamoró de la hermosa Susette, esposa de Gontard (a la que dedicó varios escritos, entre ellos el famoso Hiperion, donde la llama a ella Diotima, en memoria de la sacerdotisa o vidente, maestra de Sócrates sobre el amor, en el Banquete platónico). Consecuencia: en septiembre de 1798 tuvo que abandonar la casa de los Gontard, tras una penosa escena con el marido. Y aunque mantuvo la relación con Susette dos años más, clandestinamente, finalmente se trasladó a Bad Homburg, en Hesse, por consejo de su amigo y benefactor Isaak von Sinclair. En 1800 fue invitado a Stuttgart, donde tradujo a Píndaro. A finales de año consiguió otro puesto como preceptor en Hauptwil, cantón de Turgovia, Suiza. Se ignora por qué abandonó este cargo en abril de 1801 (parece que cada vez era más consciente de sus problemas mentales) y regresó de nuevo a Nürtingen, donde siguió trabajando en su obra poética. En enero de 1802, de nuevo preceptor en casa del cónsul de Hamburgo en Burdeos. Al agravarse su estado, se trasladó, a pie, al hogar, con un aspecto lamentable. Para colmo, Sinclair le comunicó por carta que Susette había muerto el 22 de junio de 1803 en Fráncfort. Eso supuso el inicio de su desplome total. Tras una aparente mejoría, Sinclair lo llevó de viaje a Ratisbona (en alemán Regensburg) y Ulm. Más tarde, le consiguió una plaza de bibliotecario (título con el que en el futuro siempre quería que lo nombraran) en el palacio del landgrave de Hesse-Homburg (en realidad la plaza la pagaba el propio Sinclair), hasta que su amigo, ante el agravamiento de las crisis mentales de Hölderlin, decidió internarlo en una clínica psiquiatrica en Tubinga, cuyo responsable médico, Ferdinand Autenrieth, muy apreciado por el uso de nuevos métodos terapéuticos, lo acogió a mediados de septiembre de 1806. Allí permaneció más de siete meses, hasta que fue declarado incurable: probablemente, se trataba de un caso de esquizofrenia catatónica, aunque este nombre no apareció hasta 1898 en un tratado del psiquiatra Emil Kraepelin. En mayo de 1807 fue puesto al cuidado del carpintero-ebanista de Tubinga Ernst Friedrich Zimmer y de su familia, que poseía desde 1807 -poco antes de la llegada de Hölderlin- una gran casa a orillas del Neckar (en la que se encuentra la famosa torre donde habitó el poeta, hoy conocida como la Hölderlinturm) en la que se alojaban de tanto en tanto otros estudiantes.

Allí permaneció el poeta, hasta su muerte, el 7 de junio de 1843: durante 36 años.

Los Poemas de la locura de Hölderlin, y Scardanelli-Zyklus de H. Holliger, en el 250º aniversario del nacimiento del poeta

Aunque los llamados "poemas de la locura" se fechan desde 1806 a 1843: nada menos que 37 años, cifras invertidas de los 73 que vivió, en contra de las predicciones que le concedían tres años de vida como mucho ("höchtens noch drei Jahre"). Su madre, y cuando murió ella en 1828, su medio hermano Karl, corrieron con sus gastos de manutención en casa de los Zimmer.

No vamos a referirnos a las numerosas ediciones en alemán de las obras hölderlinianas: nos centraremos en la aparecida, por primera vez en castellano, de los Poemas de la locura*. Eso ocurrió en 1978, en Isabel Peralta Ediciones de Madrid, editorial desconocida como pocas, por causa de una entonces habitual peripecia con la censura de la dictadura franquista. Jesús Munárriz (San Sebastián, 1940, aunque engendrado en Navarra) vivió en Pamplona hasta 1957. Entonces se trasladó a Madrid, donde reside. Estudió Filología Alemana y se especializó en la Universidad de Jena. Espíritu inquieto y contestatario, se dedicó a las traducciones, al teatro y a escribir canciones, en solitario o con Luis Eduardo Aute y Chicho Sánchez Ferlosio (que cantaron Rosa León, Ana Belén, Massiel, Pepa Flores..., y él mismo). Su vocación publicista le llevó a ser cofundador y director de Ciencia Nueva, editorial vinculada al clandestino Partido Comunista y a la lucha contra el franquismo, hasta su cierre en 1969. También fundó y dirigió Ediciones Hiperión. Y aquí viene el caso antes aludido. El mismo lo cuenta en una entrevista: "Yo estaba en una lista negra de autores subversivos. Me negaban el permiso cuando intentaba salir como 'Jesús Munárriz, editor'. A finales del 75, cuando Franco andaba ya de clínica en clínica, tuve una entrevista con el director general de lo que fuera, y me dio la trampa él mismo. Me dijo: 'Hombre, no le podemos dar el permiso, pero que lo pida una persona sin antecedentes políticos'. Yo dije: 'Mi madre'. Pues perfecto. Entonces, empezamos como 'Isabel Peralta Ediciones'. El funcionario nos dio el permiso en el 75 y, cuando publicamos el primer libro, ya había muerto Franco". No obstante, pudo figurar, si no como editor, sí como director de la Colección Hiperión, hasta que la editorial de este nombre se autorizó pocos años más tarde. Aparte de lo dicho, Munárriz es autor de numerosas traducciones: del alemán (Hölderlin y su Hiperión, Goethe, Heine, Rilke Celan, Brecht...), del francés (Baudelaire, Schwob, Aragon, Éluard, Valéry...), del portugués (C. Verde, Pessoa, H. Helder...), o del inglés (Shakespeare, J. Donne, J. Keats, Stevenson, Wilde, Pound...) (y solo es una pequeña muestra). También ha publicado diversas antologías: de Miguel Hernández, Hölderlin, Alfonsina Storni, Voltaire, Rafael Cansinos Asséns, Catalina de Erauso "la monja alférez", Gustavo Adolfo Bécquer, entre otras. Y libros de poesía para adultos y para niños... Posee grandes galardones (por mencionar solo un par, en 1966 es nombrado Caballero de la Orden de las Artes y las Letras por la República Francesa; y en 2009 le fue impuesta la Medalla de Oro de Don Luis de Góngora por la Real Academia de Córdoba, España).

Pues bien: la idea de recopilar y traducir para "poesía Hiperión" los Poemas de la locura de Hölderlin le llegó por parte de José María Álvarez Alonso-Hinojal (Cartagena, 1942), poeta, ensayista y novelista español, traductor de Cavafis, Stevenson, T. S. Eliot, F. Villon, Shakespeare, Jack London, Tennyson, Maiakovski..., y, como escribe Munárriz, "no es necesario decir que fue aceptada de inmediato" La encargada de recopilar los poemas y de traducirlos literalmente fue Txaro Santoro Said, licenciada en Filología Alemana: por cierto, nieta del ilustre polígrafo gallego Víctor Said Armesto (Pontevedra, 1871-Madrid, 1914), injustamente olvidado y no hace mucho reivindicado por la Fundación Barrié en A Coruña, 2014-2015, y en Vigo, 2016; fue promotor de la Real Academia Galega y el primer Catedrático, en la Universidad Central de Madrid, de Literatura Gallego-Portuguesa; desgraciadamente, su muerte prematura el mismo año en que consiguió esa cátedra truncó, en aquellos momentos, su brillante carrera. La traducción de Txaro Santoro fue revisada por José María Álvarez, pero se decidió tambien que la edición fuera bilingüe, alemán-castellano; y el libro se completó con una serie de testimonios sobre esa época de Hölderlin (de Wilhelm Waiblinger, una interesente conversación del escritor Gustav Kühne y el carpintero Erns Zimmer, unas páginas de Bettina von Arnim de 1840, el borrador de una carta en francés de Hölderlin a un destinatario desconocido, y, finalmente, una sencilla y emotiva carta de Lotte Zimmer, hija del carpintero, cuidadora y ángel tutelar del poeta en la Turm, en la que comunica al hermano de este, Karl, su muerte, dulce y sin agonía).

La recopilación es la más extensa de las que disponemos en nuestro idioma: cuarenta y nueve poemas de extensión variable (4 versos el más breve, 44 y 51 los dos más extensos; aunque lo más habitual son composiciones de 8 o 12 versos en tres estrofas de 4). Los títulos más numerosos se corresponden a las estaciones del año: nueve veces Der Frühling ('La primavera'), cinco Der Sommer ('El verano'), dos Der Herbst ('El otoño'), cinco Der Winter ('El invierno') más una vez Winter ('Invierno", sin artículo): en total veintiuno de los cuarenta y nueve. Los restantes veintisiete tienen títulos diversos (por ejemplo, hay dos dedicados al carpintero, An Zimmern).

Otra peculiaridad es la fecha y la firma de esos 49 poemas. Si consideramos independientemente los dos grupos (21 con títulos de estaciones del año, 27 con títulos diversos) constatamos que en el primero aparece uno sin fecha y seis sin fecha ni firma; y en el segundo, cuatro sin fecha y diecisiete sin fecha ni firma. En cuanto a los firmados, se da la conocida y sorprendente circunstancia de que el poeta no usó su apellido (salvo en dos casos excepcionales del segundo grupo, en que firma como "Hölderlin"), sino el de "Scardanelli" (inventado por él mismo, sin que se sepa cual es su origen). Así, en el primer grupo firma trece, con ese nombre, antecedidos habitualmente por la fórmula "Mit Unterthänigkeit" ('Humildemente'): solo en dos casos la omite y escribe únicamente "Scardanelli". En el segundo grupo (títulos variados), aparte de los dos mencionados que firma como "Hölderlin", únicamente usa la referida fórmula de "Mit Unterthänigkeit" seis veces, y, en dos ocasiones prescinde de ella para firmar solo como "Scardanelli".

Pero aún son más chocantes las fechas. En el grupo de las 'estaciones' no aparece ninguna en 6 ocasiones; pero en las 15 en que sí hay fecha, la inmensa mayoría son, sencillamente, imposibles: bien porque son anteriores al nacimiento del autor (1648, 1676, las más antiguas; la más moderna, 1759), o porque corresponden a sus primeros años de vida (1778), o son posteriores a su muerte (1849): el no va más es una fecha de 1940 (sic). Solo restan como 'viables', aunque eso no significa que correspondan a la realidad, tres de 1839, 1841 y 1842. En 'otros títulos' (donde solo figuran cuatro años distintos) sucede lo mismo: 1671, 1748 (tres veces), 1758; solo sería 'viable' una de 1842. Y, finalmente, por apurar estas anomalías numerológicas, cabe señalar la predilección de Hölderlin por determinados días, que se repiten: por ejemplo, el 24, once veces; y aun el día y el mes (el 24 de mayo en cinco ocasiones, aunque en años distintos). En general, de todas las fechas que conocemos, casi todas (16) corresponden a los cinco primeros meses del año (enero-mayo, con preferencia los primaverales, de marzo a mayo) y nada más que tres son de agosto, noviembre y diciembre).

Y, sin embargo, escribió estos poemas. En medio de tanto dislate, como su diluvio ininteligible de palabras, a lo que hay que añadir (al comienzo de su estancia en la Torre) el necesario uso 'terapéutico' de los fuertes puños de Zimmer ante los ataques de ira paroxística del enfermo, o la costumbre de este (aparte del "Humildemente" de las firmas) de dirigirse a sus visitantes con los grandilocuentes adjetivos de ""Su Majestad", "Su Santidad", "Reverendo Padre", "Señor Barón"... (un modo de 'marcar distancias'), así como el infantil truco de salirse con la suya cuando se le imponía o prohibía algo, diciéndole al interlocutor que este le había ordenado lo contrario (por ejemplo: cuenta Weiblinger que, cuando le proponía dar un paseo, decía "Usted ordena que yo permanezca aquí"). Y otras 'rarezas': relata Bettina von Arnim que "La princesa de Homburg le ha regalado un piano [o espineta: no se sabe exactamente]. Le ha cortado las cuerdas, pero no todas, de tal manera que muchas de las teclas suenan todavía y sobre ella improvisa" (según Zimmer, de modo interminable y repetitivo, hasta cuatro horas seguidas a veces).

La conversación entre el carpintero y el escritor G. Kühne es muy ilustrativa. Zimmer, gran admirador de las obras de Hölderlin (en especial, Hiperion), sin dejar de reconocer su enfermedad, le tiene gran aprecio, hasta el punto de afirmar: "a decir verdad, no le falta nada. Lo que tiene de más -sus lecturas, su 'sabiduría'- es lo que le ha vuelto loco". Y añade: "no hay que confundirse, es un hombre libre... Cuando empieza a estar harto de una conversación y quiere irse, es suficiente que se le diga "Quédese un poco más con nosotros, señor Bibliotecario". Entonces se inclinará profundamente y responderá (ya vimos un ejemplo similar antes) "Vuestra Majestad ha ordenado que me vaya". Zimmer concluye: "Muchas veces sus palabras confusas encierran mucho sentido". Por eso, la familia entera, Zimmer, su esposa, sus hijos e hijas, en especial Lotte, lo cuidan afectuosamente. Y eso se refleja en la tierna misiva que esta hija escribió a Karl en la misma noche de su muerte: "He aquí que murió, muy dulcemente, sin agonía por así decirlo... Ninguno de nosotros suponía que iba a morir. Estábamos tan desconcertados que nos fue imposible llorar, y sin embargo hay que dar gracias al Señor una y mil veces porque no ha conocido el lecho del dolor,... y porque a vuestro hermano bienamado le fue concedido morir tan sosegadamente" (Tubinga, 7 de junio de 1843. A medianoche).

Antes de referirnos, en concreto, a los propios Poemas de la Locura, señalaremos que las ediciones en alemán de la obra de Hölderlin son innumerables (unas en vida del autor, muchísimas tras su muerte, hasta nuestros días). Y estos tan especiales de 'los años de la Torre' habían sido recogidos en distintas antologías en castellano, pero la mayor parte no habían sido traducidos a nuestro idioma ni reunidos (excepto, claro es, en las ediciones alemanas de Obras completas). Existe una magnífica versión francesa que Pierre-Jean Jouve, en colaboracióncon con Pierre Klossowski, publicó en 1930 (Poèmes de la folie de Hölderlin), que incluía únicamente 29 de los 49 poemas de la publicación que aquí reseñamos. No obstante, tengamos en cuenta la observación del editor: "Treinta y siete años vivió en aquella casa, olvidado del mundo, de sus amigos, de sus contemporáneos, en constante diálogo consigo mismo y con la Naturaleza. De las muchas páginas que allí escribió, prácticamente todas se han perdido. Estos 49 poemas que aquí se recogen y traducen al castellano son una ínfima muestra de su actividad intelectual en aquellos años, pero son también lo único que de ellos nos queda".

Una 'ínfima muestra', pero grandiosa. En griego clásico, μανía (en jónico), o μανíη (en ático) significan "locura", "extravío"; pero también "inspiración", "entusiasmo" (ενθουσιασμός, "transporte", "exaltación", "posesión divina"), relacionados con μάντις, "adivino", "vidente", y con μαντικóς, "adivinación", "don profético"... En cualquier caso, la 'divina locura' se emparenta con lo 'sublime'. Kant, en su breve escrito Observaciones sobre lo bello y lo sublime (más adelante profundiza esa distinción en la Crítica de la facultad de juzgar) dice como ejemplos "La noche es sublime, el día bello", o "lo sublime conmueve, lo bello agrada". Así pues, la sublimidad posee un plus de profundidad y conmoción respecto de la mera belleza.

Y eso es lo que muestran estos poemas de Hölderlin: sublimidad, intensidad, al mismo tiempo que una aparente inanidad, un 'despojamiento' inefable y enigmático. Para los parámetros de un comportamiento cotidiano, eso que llamamos lo 'normal' o, con más precisión, lo 'habitual', las acciones del poeta estaban 'fuera de juego'; pero en sus poemas ardía la llama, o el rescoldo, de lo que podemos llamar la 'hierofanía poética'.

Eso es lo que inspira a Heinz Holliger (Langenthal, Suiza, 1939) la composición de Scardanelli-Zyklus para flauta solista, pequeña orquesta y coro mixto, de la que daremos cuenta en la segunda parte de esta reseña. Además del tratamiento musical del conjunto, Holliger elige los textos de 12 poemas, todos con títulos de estaciones del año. En realidad, son solo 10 poemas: tres de la serie (de 8) Der Frühling (a los que da numeración, en esta grabación, en cifras romanas, II, I y III, en este orden, correspondientes a las pistas 1ª del CD 1, y a las 14ª y 16ª del CD 2); dos de la serie (de 5) Der Sommer (II y III son el mismo texto, aunque musicalmente distintos, pistas 2ª y 9ª del CD 1, y I, pista 17ª del CD 2); dos (los únicos que escribió Hölderlin) de la serie Der Herbst (III y II, pistas 5ª y 10ª del CD 1, I (el mismo texto del II, forzosamente, porque no hay más, pero también musicalmente diferente); y tres de la serie (de 6) Der Winter (III y I, pistas 7ª y 12ª del CD 1, y II, pista 22ª del CD 2). El compositor no explica el orden 'dislocado' (trataremos de eso más adelante) de esas numeraciones en cifras romanas, ni la ausencia del artículo, ni la repetición, no forzada, de Der Sommer II y III. Por otra parte, los números no coinciden con los de Poemas de la locura de I. Peralta Ed., posteriormente Ed. Hiperión (aunque no hay ninguna diferencia en los textos alemanes del libro y de los CD): siguiendo el orden de la grabación de Holliger, Frühling II es, en los Poemas, el nº 45, Der Frühling; Sommer II - y, más tarde, Sommer III- son el nº 15, Der Sommer; Herbst III es el nº 16, Der Herbst; Winter III es el nº 9, Der Winter; Herbst II -y, después, Herbst I- son el nº 33, Der Herbst; Winter I es el nº 11, Der Winter; Frühling I es el nº 1, Der Frühling; Frühling III es el nº 13, Der Frühling; Sommer I es el nº 34, Der Sommer; y Winter II es el nº 9, Der Winter. Perdóneseme lo farragoso de la enumeración, pero así nos adelantamos a la de las 22 pistas del total de los dos CD (12 y 10, respectivamente); pues el músico intercala entre las 12 estaciones, repetida la letra o no, a capella, 10 piezas más, que ya explicaremos en esa segunda parte de la reseña. Aunque también la ordenación de estos Poemas en la Ed. Hiperión solo sigue la pauta de algunas ediciones alemanas: en escasísimos casos se han aventurado fechas reales de su escritura; en general, lo único que podemos afirmar es que esa 'infima parte' pertenece al período indefinido que va de 1806 a 1843 (una opinión, bastante extendida, sostiene que pertenecen a los años que van desde 1833 a 1843, los últimos once de la vida de Hölderlin, y, generalmente, a instancias de sus visitantes).

Pero esta primera parte no puede terminar así. Puesto que hemos hablado de la sublimidad, profundidad y, paradójicamente, aparente inanidad y 'despojamiento' de estos poemas, demos los textos de los diez (más tres: lo explicaremos luego). Comenzamos por cuatro, cada uno correspondiente a una estación del año, siguiendo el orden que ha elegido Holliger (repetimos, en esta grabación discográfica): Frühling II, Sommer II, Herbst III y Winter III. Las traducciones son de Txaro Santoro y José María Álvarez y se pueden consultar en este enlace

Frühling II

Wenn aus der Tiefe kommt der Frühling un das Leben Es wundert sich der Mensch, und neue Worte streben Aus Geistigkeit, die Freude kehret wieder Und festlich machen sich Gesang und Lieder.

Das Leben findet sich aus Harmonie der Zeiten, Dass immerdar den Sinn Natur und Geist geleiten, Und die Vollkommenheit ist Eines in dem Geiste, So findet vieles sich, und aus Natur das Meiste.

D. 24 Mai 1758. Mit Unterhänigkeit Scardanelli

24 de Mayo 1758. Humildemente Scardanelli

 Sommer II

Das Erntefeld erscheint, auf Höhen schimmert Der hellen Wolke Pracht, indess am weiten Himmel Der hellen Wolke Pracht, indess am weiten Himmel In stiller Nacht die Zahl der Sterne flimmert, Gross ist und weit von Wolken das Gewimmel.

Die Pfade gehn entfernter hin, der Menschen Leben Es zeiget sich auf Meeren unverbogen, Der Sonne Tag ist zu der Menschen Streben, Ein hohes Bild, und golden gläntz der Morgen.

Mit neuen Farben ist geschmückt der Gärten Breite, Der Mensch verwundet sich, dass sein Bemühn gelinget, Was er mit Tugend schafft, und was er hoch vollbringet, Es steht mit den Vergangenheit in prächtigen Geleite. 

(Sin fecha ni firma. Sin embargo, se sabe que este poema fue regalado al estudiante de Teología Albert Diefentach, en diciembre de 1837)

Herbst III

Die sagen, die der Erde sich entfernen, Vom Geiste, der gewessen ist und wiederkehret, Sie kehren zu der Menschheit sich, und vieles lernen Wir aus der Zeit, die eilends sich verzehret.

Die Bilder der Vergangenheit sind nicht verlassen Von den Natur, als vie die Tag' verblassen Im hohen Sommer kehrt der Herbst zur Erde nieder, Der Geist der Schauer findet sich am Himmel wieder.

In kurzer Zeit hat vieles sich geendet, Der Landmann, der am Pfluge sich gezeiget, Er siehet wie das Jahr sich frohem Ende neiget, In solchen Bildern ist des Menschen Tag vollendet.

Der Erde Rund mit Felsen ausgezieret Ist wie die Wolke nicht, die Abends sich verlieret, Es zeiget sich mit einem goldnen Tage, Und die Vollkommenheit ist ohne Klage.

(Sin firma, ni tampoco fecha, aunque Schwab le atribuye la de 16 de septiembre de 1837)

Winter III (y Winter II)

Wenn bleicher Schnee verschönert die Gefilde, Und hoher Glanz auf weiter Ebne blinkt, So reizt der Sommer fern, und milde Naht sich der Frühling oft, indess die Stunde sinkt.

Die prächtige Erscheinung ist, die Luft ist feiner, Der Wald ist hell, es geht der Menschen keiner Auf Strassen, die zu sehr entlegen sind, die Stille machet Erhhabenheit, wie dennoch alles lachet.

Der Frühling scheint nicht mit der Blühten Schimmer Dem Menschen so gefallend, aber Sterne Sind an dem Himmel hell, man siehet sie gerne, Den Himmel fern, der ändert fast sich nimmer.

Die Ströme sind, wie Ebnen, die Gebilde Sind auch zerstreut, erscheinander die Milde Des Lebens dauert fort, der Städte Breite Erscheint besonders gut auf ungemessner Weite. 

(Sin fecha ni firma)

En Scardanelli-Zyklus continúan los seis (más tres) que utiliza Holliger. Son los que siguen:

Herbst II

Das Glänzen der Natur ist höheres Erscheinen, Wo sich der Tag mit vielen Freuden endet, Es ist das Jahr, das sich mit Pracht vollenden, Wo Früchte sich mit frohem Glanz vereinen.

Das Erdenrund ist so geschmükt, un selten lärmet Der schall durchs offne Feld, die Sönne wärmet Den Tag des Herbstes mild, die Felder stehen Als eine Aussicht weit, die Lüffte wehen.

Die Zweig' und Aeste durch mit frohem Rauschen, Wenn schon mit Leere sich die Felder dann verstauschen, Der ganze Sinn des hellen Bildes lebet, Als wie ein Bild, das goldne Pracht umschwebet.

(d. 15 Nov. 1759)

(Parece ser del 12 de julio de 1842)

Winter I

Das Feld ist kahl, auf ferner Höhe glänzet Der blaue Himmel nur und wie die Pfade Gehen Erscheinet die Natur als Einerlei, das Wehen Ist frisch, und die Natur von Helle nur umkränzet.

Der Erde Stund ist sichtbar von dem Himmel Den ganzen Tag, in heller Nacht umgeben, Wenn hoch erscheint von Sternen das Gewimmel, Und geistiger das weit gedehnte Leben.

(Schwab fecha este poema en 1842) 

Frühling I

Es kommt der neue Tag aus fernen Hóhn herunter, Der Morgen der erwacht ist aus den Dämmerungen, Er lacht die Menschheit an, geschmükt und munter, Von Freuden ist die Menschheit sanft durchdrungen.

Ein neues Leben will der Zukunft sich enthüllen, Mit Blüthen scheint, dem Zeichen froher Tage, Das grosse Thal, die Erde sich zu Füllen Entfern dagegen ist zur Frühlingszeit die Klage.

Mit Unterthänigkeit Scardanelli

(d. 3. März 1648)

(3 de Marzo de 1648). Conservado gracias a F. Bräunlin, que lo copió

Frühling III

Wenn neu das Licht der Erde sich gezeiget, Von Frühlingsreegen gläntz das grüne Thal und munter Der Blüthen Weiss am hellen Strom hinunter, Nachdem ein heitrer Tag zu Menschen sich geneiget.

Die Sichtbarkeit gewinnt von hellen Unterschieden, Der Frühlingshimmel weilt mit seinem Frieden, Dass ungestört der Mensch des Jahres Reiz betrachtet, Und auf Vollkommenheit des Lebens achtet.

Mit Unterhänigkeit Scardanelli

d. 15 März 1842

Sommer I

Im Thale rinnt der Bach, die Berg' an hoher Seite, Sie grünen weit umher an dieses Thales Breite, Und Bäume mit dem Laube stehn gebreitet, Dass fast verborgen dort der Bach hinunter gleitet.

So gläntz darob des schönen Sommers Sonne, Dass fast zu eilen scheint des hellen Tages Wonne, Der Abend mit der Frische kommt zi Ende, Und trachtet, wie er das dem Menschen noch vollende.

mit Unterthänigkeit Scardanelli

d. 24 Mai 1758

(Datado el 13 de julio de 1842, por un visitante anónimo, quizá un estudiante, para el cual Hölderlin improvisó).

Quedan los tres 'añadidos' (sin números: ya se verá por qué):

Sommer A

Die Tage gehn vorbei mit sanffter Lüffte Rauschen, Wenn mit der Wolke sie der Felder Pracht vertauschen, Des Thales Ende trifft der Berge Dämmerungen, Dort, wo des Stromes Wellen sich hinabgeschlungen.

Der Wälder Schatten sieht umhergebreitet, Wo auch der Bach entfernt hinuntergleitet, Und sichtbar ist der Ferne Bild in Stunden, Wenn sich der Mensch zu diesem Sinn gefunden.

Scardanelli.

d. 24 Mai 1758 

Sommer B

Noch ist die Zeit des Jahrs zu sehn, und die Gefilde Des Sommers stehn in ihrem Glanz, in ihrer Milde; Des Feldes Grün ist prächtig ausgebreitet, Allwo der Bach hinab mit Wellen gleitet.

So zieht der Tag hinaus durch Berg und Thale, Mit seiner Unaufhaltsamkeit und seinem Strale, Und Wolken ziehn in Ruh', in hohen Räumen, Es scheint das Jahr mit Herrlichkeit zu säumen.

Mit Unterthänigkeit Scardanelli.

9ten März 1940.

Sommer C

Wenn dann vorbei des Frühlings Blüthe schwindet, So ist der Sommer da, der um das Jahr sich windet. Und wie der Bach das Thal hinuntergleitet, So ist der Berge Pracht darum verbreitet.

Dass sich das Feld mit Pracht am meisten zeiget, Ist, wie der Tag, der sich zum Abend neiget; Wie so das Jahr verweilt, so sind des Sommers Studen Und Bilder der Natur dem Menschen oft verschwunden.

Scardanelli.

24 Mai 1778 

Podría haber hecho, en todos los casos, yo mismo la traducción; pero he respetado la de Santoro y Álvarez, bastante apegada a la literalidad. Por ejemplo, es sabido que existe la costumbre tipográfica en alemán de escribir con mayúscula la primera palabra de cada verso, sea cual sea; en castellano no es tan habitual seguir esa norma -aunque no está prohibida-, como sí hacen Santoro y Álvarez. También está la norma gramatical de escribir los sustantivos alemanes, tanto comunes como propios, con inicial mayúscula, y así lo hacen estos traductores en algunas ocasiones, no todas. Dejémoslo así, porque ello no dificulta la comprensión: no le toques ya más, que así es la rosa, dijo J. R. Jiménez, en una famosa frase que ha provocado ríos de tinta en torno a la cuestión "¿cómo pudo Juan Ramón cometer un leísmo, el único que se le conoce en toda su obra?" (si es que es un leísmo, pues eso forma parte de la discusión).

Volvamos a Hölderlin: es indudable la singularidad de estos Poemas de la locura. Eso explica el admirable logro (el mayor de Heinz Holliger como compositor) de Scardanelli-Zyklus, indudable work in progress (se extiende desde 1975 a 1985, con agregaciones sucesivas, a base de 'préstamos' y 'autopréstamos'; estreno mundial en los Donaueschinger Musiktage, octubre de 1985; aunque la presente grabación discográfica incorpora más todavía: partes del Ostinato funebre, 1991, del autor, inspirado en la Música fúnebre masónica de Mozart; e incluso una revisión de Eisblumen de 2006).

Pero todo eso (y algunas cosas más) será objeto de la segunda parte de esta reseña, fundamentalmente musical, si bien no perderá nunca su relación con su fuente primigenia: los poemas de Hölderlin en su 'Torre' de Tubinga. 

Notas

1. Friedrich Hölderlin, Poemas de la locura, ed. bilingüe. Traducción de Txaro Santoro Said y José María Álvarez Alonso-Hinojal. Isabel Peralta Ediciones, Colección Hiperión (dirigida por Jesús Munárriz), 1978. Publicaciones posteriores en Ediciones Hiperión: 1982, 1985, 1992, 1994, 2001…

2. Se puede acceder a la traducción de Hiperión desde este enlace: https://core.ac.uk/reader/80532502

Comentarios

Para escribir un comentario debes identificarte o registrarte.