El público de Ibermúsica ha tenido la suerte de quedar en estado de gracia: Haber presenciado este concierto ha sido un privilegio. Una gran orquesta, un gran maestro, una gran violinista, en un programa ideal para todos ellos, de buena música rusa, que es lo suyo.De Liadov se oye más bien poco. Esta leyenda sinfónica, Quiquiimora, op 63, muy agradable, no muy extensa, servía como una especie de obertura a este acto y para presentar el sonido de una orquesta, muy especial: Muy dulce en las cuerdas, cohesión total de los grupos como pudo constatarse en el unísono inicial de los contrabajos, que luego pasó a otros grupos instrumentales, solistas de viento excepcionales. Tan grave como comienza, tan pícaro termina, con un solo de flauta piccolo, muy graciosamente interpretado – tanto así que hubo risas en el público por este inesperado…
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