El abono n.º 14 de la temporada de primavera de la OSCyL cosechó, en su turno 2, un éxito difícil de prever, pese a que Roxana Wisniewska Zabek es conocida y querida por el público del auditorio, y pese a que la Quinta de Shostakóvich se presta a provocar emoción. La clave de ese éxito realmente estuvo en el entendimiento y empatía que hubo entre intérpretes y orquesta, y sobre todo en el intenso trabajo de organización y comprensión de la música.
Desde las primeras notas de la obra de Britten ya se apreció que el sonido no tendría que ver con el del concierto a abono anterior, sobre todo en lo referente a volumen y claridad entre familias: todo se mostró transparentemente, y la interpretación orquestal seguía un plan perfectamente concebido, expuesto y ejecutado. Los efectos sonoros de las maderas llegaron con intencionalidad y con un…
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