Tenía mono después de siete meses sin conciertos de mis dos orquestas de cabecera, sin verano lucerniense, y encima sin poder celebrar todavía mi sexagésimo cumpleaños (que cayó aquel fatídico 14 de marzo). El regreso no ha sido fácil, porque la Orquesta Sinfónica de Galicia no sólo se ha mudado de casa física, sino también cibernética: una cosa es que servidor sea un troglodita informático, y otra que le tele-mareen a uno de web en web durante una semana hasta dar con la página donde se vendían las entradas para esta función. Pero lo conseguí, así que heme aquí -mascarilla en boca y rociado de desinfectacte-, con la mejor de las disposiciones para escuchar a Mahler en el inicio del curso tras haber pasado un año entero sin escuchar a mi querido Bruckner.
El Coliseum de Coruña es un establecimiento inmenso (que ha envejecido mal, igual…
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