Tras adquirir la entrada para el concierto de inauguración de la temporada de la Orquesta Sinfónica de Galicia, vi que tres horas después estaba programado este espectáculo. No lo dudé, y le di otra vez al botón de compra. No tenía la menor idea de quiénes son la Swing Machine Orchestra -pero me chifla el swing-, y sobre todo temí necesitar con urgencia un antídoto contra la Novena Sinfonía de Mahler.
Inutil precauzione: ese Mahler salió respetuoso con las neuronas del personal –ya se lo he contado en la correspondiente reseña-, y encima disfruté como un enano con los músicos de la Swing Machine. Servidor, y el centenar de personas -eso calculé- que asistimos al Teatro Colón, cuyas viejas butacas me parecieron un lujo asiático después de las inclementes sillas del Coliseum.
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