No soy nada partidario de las arengas extramusicales desde el púlpito de una sala de conciertos. Pero siempre hay una excepción, cuánto más en medio de una situación excepcional. Paul Daniel arrancó la función lanzando tres mensajes en un muy correcto gallego: primero, es posible hacer una función de ópera observando las medidas de seguridad ordenadas por las autoridades (no sólo se trata de mascarillas y distancias, sino de pantallas para los cantantes a fin de no propagar aerosoles, y sobre todo el milagroso ensamblaje en tiempo y modo de las intervenciones del coro, grabadas previamente en un estudio coruñés y proyectadas al fondo del escenario); segundo, todo esto es posible gracias al trabajo de músicos, técnicos, y personal administrativo; y tercero, el agradecimiento a todos por hacerlo posible radica en que para ellos es “un…
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