Me llama la atención el hecho de que todas las mujeres que acceden a la dirección de orquesta usen batuta, sobre todo cuando entre los varones cada vez se lleva menos. Si dijera que eso se debe a la tardía equiparación en los empleos, y que blandir el palito es un símbolo de poder que les iguala a los hombres, me llamarían machista (y con razón). Desde luego la batuta representa la autoridad, porque mientras existan las orquestas tal y como las conocemos habrá alguien que mande. Pero prefiero pensar que la batuta ayuda –casi obliga- a la claridad en el gesto, y en consecuencia contribuye a la claridad en el sonido resultante.
Así es, sin duda, en el caso de la directora polaca Marzena Diakun (Koszalin, 1981). La autoridad quedó manifiesta en cuanto puso pie en el escenario, caminando con paso firme y saltando a la tarima; una vez ahí…
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