“Qué niñez tan triste debió pasar Balbino”, me comentó una buena y sabia amiga al salir del concierto. Balbino es el niño protagonista de la novela de Xosé Neira Vilas en la que se inspira la pieza homónima del joven compositor gallego Aaron Siebert, que esta noche se estrenaba. Seguro que en la Galicia rural de los años cuarenta –en la que se sitúa la novela- un chaval campesino no tendría demasiados motivos de fiesta; y seguro que hoy tampoco.
Pero tanto entonces como ahora un niño es un niño, y alguna sonrisa tiene que aparecer durante su infancia. No en la obra de Siebert: diez minutos del consabido adagio, escrito en un lenguaje plenamente tonal (lo cual me parece muy bien) y plenamente facilón (lo cual me parece menos bien), de ambiente melancólico y pretensiones cinematográficas (el autor también muestra inquietudes en ese…
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