Concierto relativamente satisfactorio pero un poco frío (preludio de la gran nevada de horas después) el dirigido por el insigne Michel Plasson, que colabora por primera vez con la OSCyL. Como ocurre cuando nieva, Plasson trajo estampas bonitas pero también algunas dificultades; sin ir más lejos, el tercer turno fue suspendido por culpa de la conjunción de la borrasca Filomena y el frío polar.
Sobre el papel, las obras funcionaban como conjunto, pues
todo era repertorio francés; pero en la práctica, la obra de Bizet chocó
estilísticamente con Ravel e Ibert: hubiera sido más adecuada para abrir el
concierto, aunque podría decirse directamente que en este caso no era adecuada,
máxime cuando —aunque parezca una tontería— no hay descanso y se interpretó
contigua al Concierto de Ibert.
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