Segunda vez que asisto al Coliseum de A Coruña a escuchar a la Orquesta Sinfónica de Galicia (OSG) y sigo sin acostumbrarme porque es un recinto enorme donde la orquesta toca en una especie de palco y el público ocupa sillas apilables colocadas manteniendo una correcta distancia entre sí. La anterior sede de la OSG, el Palacio de la Ópera, es un edificio enfermo, descuidado, y con una acústica problemática, de modo que la orquesta no se plantea volver allí excepto que se realicen unas importantes reformas que tampoco hay interés -ni presupuesto- para hacer. Porque como declaraba Dima Slobodeniouk (Moscú, 1975), el director titular de la OSG, a un periódico local hace unos días, “la Sinfónica es una marca de identidad de la ciudad y de Galicia y no tiene casa” y eso es algo que está pesando en el ánimo de los miembros y el público de la…
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