Hay que reconocer que no corren buenos tiempos para la lírica española. Esta época del covid19 obliga a que las producciones en el Teatro de la Zarzuela, como ocurre con los conciertos en los auditorios, se ofrezcan sin intermedio y no duren más de dos horas, con lo que, si no se programan obras de género chico (de poco más de una hora) o aquellas otras de género grande que no sobrepasen entre texto hablado y números musicales ese par de horas, el título que se haya elegido puede ver amenazada su integridad en cuanto al primer elemento que lo conforma se refiere.
Si a eso se suma la experimentación escénica y el cambio de ubicación de la trama original, el ataque inmisericorde ya está servido, como los bayonetazos que se intercambiaban realistas y liberales en la Gloriosa.
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