Pongamos que hablo de Berlín. Y del estado del bienestar. Y de la época en la que éste dejó de aparentar una salud aceptable. Pongamos que son los años próximos a la caída del muro (de Berlín, claro). Y pongamos que por ahí anda Falstaff. Su categoría (su hidalguía) fue, quizás, fruto de haber practicado la revolución de los 60. No le sirve para mucho (no, desde luego, para conquistar a dos señoras bien).
Fatuo, fachendoso, petulante, sí. Pero, y ¿necio? Pues esto dependerá de un doble grado de consciencia: respecto a lo que no supo conseguir y respecto a lo que ante sus propios ojos se está malogrando (¿la propia conciencia de clase y unos derechos que se pensaban fundamentales?). Porque su aspiración a mejorar de condición económica se encuentra perdida de antemano.
Comentarios