Nos merecíamos un concierto como éste. Si desde hace un año cada concierto es un milagro, éste todavía más. Todos los aplausos fueron pocos para agradecer el buen rato que pasamos: al público que acudió al Auditorio en masa –es un decir, pero con un tercio de aforo y después de tantas penurias aquello parecía casi lleno-; al mancuniano Wayne Marshall porque no se cansa de tocar estupendamente bien la música de Gershwin; y a la Real Filharmonía de Galicia porque en cuatro ensayos ha sabido transformarse en la mejor orquesta de Broadway.
Me chocó que Beatriz López no se regodease en el célebre solo de clarinete que arranca Rhapsody in Blue dando un tremolo más floreado y un glissando de contorsionista. La duda quedó despejada en cuanto entró la orquesta: más que dar esta pieza en versión con sonido Filadelfia, Marshall prefirió tocar…
Comentarios