Hacía más de un año que no visitaba el Palacio de la Ópera de Coruña, y la sensación al llegar fue extraña: en doce meses ha habido confinamientos, escaladas, desescaladas, y perimetrajes más o menos almendrados; en las últimas semanas la Orquesta Sinfónica de Galicia ha sido desalojada de esta casa con armas y bagajes (si el concierto de hoy se ha podido celebrar aquí se debe a ciertas cláusulas “moscosas” que obligan a los propietarios del local a ceder al Ayuntamiento unas determinadas fechas de libre disposición); pero lo más descorazonador fue comprobar que la sala no estaba –ni de lejos- a reventar en un viernes, por más festivo que fuera.
No todo invita al pesimismo: afortunadamente, la Orquesta Sinfónica de Galicia no ha perdido su forma habitual, es decir, sigue en la excelencia; James Conlon –invitado frecuente de la orquesta-…
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