Con la lectura poderosa, enardecida y persuasiva de la Sinfonía N° 4, opus 29, del danés Carl Nielsen (1865-1931), estrenada aquí el viernes, en el Teatro Nacional, bajo la guía lúcida y certera del maestro Vakhtang Jordania, la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) alcanzó, a mis oídos, el rendimiento más elevado y reluciente de la actual temporada oficial.Nielsen concluyó la Inextinguible en 1916 y después del estreno explicó que el nombre reflejaba la expresión abstracta, contenida en la música, de la fuerza renovadora e inacabable de la vida. La interpretación visionaria de Jordania y la OSN comunicó el sublime impulso vital que inspira la obra, con toda su combativa complejidad.En la sinfonía, la superación dramática de los obstáculos que se oponen a la existencia culmina, en el cuarto y último movimiento, por medio de un duelo…
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