Venía el admirado Joaquín Achúcarro, maestro de maestros, al Teatro de la Zarzuela a ofrecernos no uno más de sus innumerables recitales, sino una cita muy especial en la que íbamos a acompañarle celebrando sus nada más y nada menos que 75 años de exitosa carrera internacional. Un concierto que volvió a convertirse en una nueva clase magistral de una de las mayores glorias del piano que ha dado nuestro país.
En plena forma física aún con 88 años -ya dijo en una entrevista con su habitual sentido del humor que tenía pensado retirarse con 84 pero que había cambiado de idea-, el músico bilbaíno venía, no a darse un baño de multitudes, como así iba ser sin duda ninguna, sino a demostrar una vez más al público de Madrid la desbordante pasión por su instrumento.
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