Durante los primeros días del verano de 1952, multitud de aristócratas, diplomáticos y personalidades franquistas desembarcaron en Granada, una ciudad entonces golpeada duramente por la penuria de la posguerra como el resto del país, con la finalidad de asistir a los conciertos y espectáculos de lo que sería el primer Festival de Música y Danza. Utilizado indudablemente por el régimen dictatorial para dar una potente imagen cultural en un intento de neutralizar la ofrecida por la inmensa pobreza, la falta de libertades y el aislamiento internacional que ensombrecían un país que aún esperaba ser admitido en la ONU, el festival tuvo en los salones y patios más hermosos de la Alhambra un marco inigualable y en artistas nacionales como los bailarines Antonio y Rosario, Ataúlfo Argenta y la Orquesta Nacional, la soprano Victoria de los…
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