España - Castilla y León

Buen presagio en el Festival Musical de Segovia

Marianna Prjevalskaya
lunes, 2 de agosto de 2021
Daniel del Pino © 2021 by RocioPH Daniel del Pino © 2021 by RocioPH
Segovia, viernes, 16 de julio de 2021. Patio de las armas, Alcázar de Segovia. Daniel del Pino, piano. Isaac Albéniz, Iberia. Festival Musical de Segovia MUSEG 2021
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Desde mi infancia, siempre me ilusionaba ver un globo alzándose a lo alto, pero nunca tuve la oportunidad de apreciarlo de cerca. Por la tarde del viernes 16 de julio, al salir del taxi que me dejó justo enfrente del Alcázar de Segovia, elegantemente se desplazaba uno en el aire por encima de mí. La agradable sorpresa me llenó con un sentimiento de buen presagio que no tardó en manifestarse: aquella tarde hemos podido disfrutar de un magnífico recital del piano, ofrecido por el pianista Daniel del Pino, interpretando Iberia de Albéniz completa, dentro de su ambicioso proyecto - presentarlo al público 100 veces para celebrar el 100 aniversario de la escuela de música de la Universidad Texas Tech de Estados Unidos, donde Daniel del Pino es actualmente profesor de piano. Según anunció el pianista mismo antes de su actuación, preparar Iberia entera era algo que él deseaba hacer desde hace mucho tiempo, y que el último año del confinamiento le ha permitido convertirlo en realidad.

El recital que hemos podido escuchar en el patio de las armas del Alcázar de Segovia forma parte del Festival Musical de Segovia MUSEG, uno de los más importantes en España y con un historial de intérpretes interesantísimos, organizado por la Fundación Don Juan de Borbón. Bajo la dirección artística de Noelia Gómez, excelente música y violista, el festival presenta este verano una programación muy dinámica y exquisita, que ofrece una variedad de conciertos para todos los gustos, desde la ópera, danza, grupos de cámara como L'arpeggiata, actuaciones de la Orquesta Sinfónica de Castilla y León o conciertos de jóvenes intérpretes, ganadores de los certámenes como el de Santa Cecilia Premio Hazen. Y es que el festival sorprende no solamente por su calidad artística e interpretativa y una programación creativa tan bien planeada, sino que también cada rincón de Segovia se viste de magia, iluminación y colores para que los segovianos y los turistas puedan disfrutar de todos los eventos a lo máximo.

Acostumbrados a asistir a recitales en salas de conciertos, pero últimamente desacostumbrados a oírlos durante la pandemia, escuchar el piano en un castillo medieval al aire libre, acompañados por cantos de pájaros nocturnos, es desde luego una experiencia única, sobre todo si se trata de una interpretación tan magnífica como la de del Pino, que abrió el concierto con el tercer cuaderno, y siguió con el cuarto, primero y segundo sin descanso, definitivamente, todo un enorme reto.

Durante toda su interpretación, el pianista demostró maestría manejando la densa textura con ligereza y transparencia, subrayando y extrayendo las melodías más escondidas, llenándolas con una amplia paleta de colores, cambiando de tonos en cada pieza, desde la ensoñación de luces celestes, hasta oscuros agrios o pasteles tristes y melancólicos.

El Albaicín empezaba con unos ritmos y cantos al unísono misteriosos, que parecían venir desde lejano paisaje Segoviano, fuera del castillo, gradualmente acercándose y convirtiéndose en acordes apasionados tocados con naturalidad y peso del brazo. El gusto refinado del pianista se hizo notar en el sensible rubato en el Polo, donde también hemos podido apreciar un balance entre los planos y una proyección melódica notable. Igualmente en Málaga, densa textura parecía respirar y el brillo de los agudos iluminaba el espacio del palacio. Colorido exquisito en los cambios armónicos y unas olas homogéneas de terciopelo en la mano izquierda llamaron especialmente mi atención. Jerez nos llenó de tristeza y sentimiento de soledad y Eritaña con alegría, brillo, y espíritu, con unos fortes nunca forzados. El canto de Evocación impresionó por un tono y sentimiento profundos y riqueza de colores sobretodo en modulaciones. Al pasar la melodía a la mano izquierda, diseños arpegiados en la derecha parecían flotar enriqueciendo la textura, a la vez gradualmente transformándose en armonías dolorosas y apasionadas. El Puerto irrumpió con energía. Del Pino creó un fraseo largo y le dio una dirección extraordinaria que en un instante nos llevó a la coda donde fragmentos melódicos se disiparon entre la niebla de colores mágicos.

En el segundo cuaderno que cerraba el concierto, pudimos apreciar sonido resonante de campanas, niveles atmosféricos, momentos de pasiones arrebatadas en Almería y claridad textural, proyección y virtuosismo en Triana. De propina, Daniel regaló al público Segoviano el Estudio Op.25 No.1 de Chopin, cerrando así un memorable recital dentro del MUSEG 2021.

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