A la música de Johann Sebastian Bach se le ha adjudicado, muchas veces, una espiritualidad con la que no sé si el Kantor de Santo Tomás de Leizpig estaría del todo de acuerdo. Incluso a la instrumental, como es el caso. En el primer concierto del decimotercer Festival Internacional de Música de Cámara de Godella (Valencia), la Partita para violín solo n.º 2, BWV 1004, fue la página elegida para representar la capacidad de adaptación del hombre a situaciones como las vividas durante la pandemia, puesto que su lema ha sido “resiliencia y mestizaje”.
Pero, por más que la “Allemanda” inicial se caracterice por la profunda expresividad que supo ver Leticia Moreno, que la “Corrente” le quedara elegante y rítmicamente bien definida o que revistiera la “Sarabanda” con introspección, la cualidad principal de esta pieza es técnica. Bach,…
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