Los mitos de la Antigüedad clásica, tan extendidos en los libretos de ópera barroca, tienen la virtud o el defecto de ser tan universales que pueden recontextualizarse en cualquier época, más allá de la mayor o menor verosimilitud de las historias de dioses, reyes o héroes que nos cuentan. Si además la narración es un puro invento con nula evidencia histórica, la imaginación del regista puede volar a su libre albedrío.
Tal es el caso de esta coproducción inglesa, estadounidense y australiana de la Parténope de Handel que el Teatro Real ha estrenado por primera vez en su escenario tras la precedente puesta en escena de la burlesca versión rossiniana del cuento de La Cenicienta. Un salto de casi 80 años atrás en el que el teatro cantado en lengua italiana se dictaba por los rigurosos y preponderantes cánones de la ópera seria.
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