Viernes a última hora de la tarde en Coruña; la meteorología acompaña con fresco pero sin lluvia ni viento; la Orquesta Sinfónica de Galicia y su director titular ofrecen uno de sus conciertos de abono; el programa es largo y denso, aunque muy tentador; el curso en el desangelado Coliseum ha quedado atrás, y la orquesta actúa como de costumbre en el Palacio de la Ópera; la acústica de este establecimiento no tiene remedio, pero las butacas son cómodas y su precio sigue siendo ridículo; el bar está abierto y se puede socializar. Para acceder al recinto debe uno someterse al escaneo del vademécum sanitario, pero por lo demás la única anomalía consiste en que no hay programa de mano impreso, aunque sí libritos con el compendio de esta trigésima temporada.
Sin embargo, la sala apenas se ocupa en dos tercios de su aforo, cuando “antes” era…
Comentarios