La primera colaboración de La Filarmónica con el Centro cultural Miguel Delibes se saldó con un balance positivo, tanto por la apreciable asistencia de público a unos precios no exactamente populares como por unos resultados artísticos que estuvieron a la altura esperada.
El repertorio que trajeron la Sinfónica de Viena y Orozco-Estrada no era un factor fundamental para acudir al concierto: ambas obras de Beethoven son habituales de cualquier sala sinfónica y se pueden interpretar solventemente por todo tipo de orquestas y algunos solistas. Al final, dio la sensación de que se utilizó el repertorio para poner en el escaparate las muchas cualidades musicales que lucen el director y, sobre todo, la solista y la orquesta, que dieron lugar a versiones sin grandes riesgos conceptuales pero repletas de detalles disfrutables y a veces geniales.
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