La especial afluencia de público joven al concierto de temporada nº 10 de la OSCyL demostró una vez más que la calidad de la mano de ciertos artistas atrae. Tanto Roberto González-Monjas, director muy comunicativo que los aficionados de Castilla y León han visto crecer, como Hilary Hahn, una más que asentada estrella internacional, cumplieron las expectativas desde un programa que huyó de cualquier rutina en varios aspectos y que dejó entusiasmado a un público que jaleó la interpretación del Concierto para violín de Sibelius.
Costó un poco entrar en lo mejor de este suculento menú: los pequeños ruidos y últimos movimientos de la gente deslucieron un poco la Pavana para una infanta difunta, que no encontró su camino hasta transcurrida la mitad de la obra, pues en muchos momentos el sonido resultó demasiado abierto, poco refinado, como si…
Comentarios