En nuestra época actual estamos necesitados continuamente de lo visual. Bajo los dictados soberanos de las redes sociales, con Instagram y Tik Tok como principales baluartes del escaparate de lo propio y lo ajeno, la imagen, en movimiento o estática, se erige como acicate y centro de atención de nuestras vidas en el estricto plano cibernético.
Al margen de las artes visuales, algo tan metafísico como la materia musical está demandando cada vez más su complemento con un objeto visual, como justificando el argumento de que el poder de una imagen vale más que mil palabras. O que mil sonidos, en este caso. Es innegable la asociación mental entre un conjunto de sonidos y las imágenes. La música, aunque invisible e incorpórea, ha evocado, evoca y evocará continuamente imágenes visibles a los ojos, ya sea de manera explícita o implícita.
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