Los cisnes (junto a las alas y el tutú de Sílfide) constituyen el símbolo, el paradigma del ballet en la imaginación popular. Su primer estreno fue en 1877, en el Teatro Bolshoi de Moscú, con un estrepitoso fracaso que obligó a rehacerlo por completo, siendo reestrenado, esta vez con gran éxito, en 1895. Constituye, junto a Raymonda y La Bella Durmiente, uno de los ballets de Petipa que se han transmitido más fielmente hasta llegar a nuestros días.En la versión cubana, los cuatro actos de la obra han sido sintetizados en tres, con un epílogo, que en nada recorta la obra, sino que la agiliza sin perder sus detalles y esencia, lo que la acerca a cualquier público, bien joven, bien poco especializado.A pesar de que muchos de los talentos de la compañía dedicados hoy a la enseñanza están desparramados por el mundo (y singularmente, por…
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