El verismo es una de las estéticas operísticas más evocadoras que han existido. Si Madama Butterfly, estrenada en 1904 en la Scala de Milán con un sonoro fracaso, es la ópera italiana que mejor ha conseguido retratar el universo japonés, Siberia, que subió a escena casi dos meses antes (el 19 de diciembre de 1903) en el mismo escenario milanés por cancelación de la anterior, es una obra verista que posee una de las mejores ambientaciones rusas en cuanto a realismo musical se refiere.
Bien se afanó en ello el compositor Umberto Giordano, pues en su gusto por la dramaturgia histórica, y como ya hizo en Andrea Chénier de 1896 citando literalmente La Marsellesa, introdujo en la partitura de Siberia melodías populares y cantos directamente extraídos de la Iglesia Ortodoxa Rusa.
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