No éramos muchos, apenas un poco más de la mitad del aforo. Es cierto que los conciertos de la Orquesta Sinfónica de Galicia en sábado tienen menos parroquia que los de los viernes; pero en este curso de ya relativa normalidad incluso los viernes se ha notado un bajón, y además las obras hoy en cartel no son precisamente de las que “hacen afición”.
Ni siquiera la presencia de Viktoria Mullova podía constituir un reclamo sino para quienes somos de su quinta. Y el caso es que observé la presencia de bastantes jóvenes entre el público, y al salir de la función escuché a uno de ellos dirigirse a sus amigos exclamando “¡qué chulo!”. No sé si es un síntoma de esperanza en la continuidad de los conciertos coruñeses, pero me agarro al clavo ardiendo.
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