Más que digna Traviata en el Teatro Calderón de Valladolid; de hecho la producción operística más lograda en lustros en este teatro. Tanto puesta en escena como director y cantantes aportaron aspectos valiosos a la última de las tres funciones, que es la que se comenta, aunque por supuesto hubo algunos altibajos, sobre todo debidos a la variedad de mecanismos vocales que la obra pide a los protagonistas, que no suelen dominarse con la misma prestancia.
Así, el acto que más sufrió fue el primero, que digamos fue el que puso en evidencia los puntos débiles de varios elementos sonoros de la representación: tras un cuidadoso preludio al acto I de Andrés Salado y OSCyL, muy lento, como cabía esperar, la coordinación sufrió vaivenes: los cantantes no parecían estar por la labor de seguir al director, mucho más vivo, y en los primeros 15 minutos…
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