Fiel a su tradición católica, la música francesa del siglo XX ha sido muy dada al gusto por lo sacro y a la hagiografía, siempre desde el tamiz del lenguaje más simbolista. Precisamente el principal cultivador de esa estética, Claude Debussy, fue uno de los primeros que llamó la atención, hasta el punto de crear un escándalo monumental en Francia, poniendo música en 1911 al martirio de San Sebastián tal como lo había concebido Gabriele d’Annunzio en su homónima obra literaria y con Ida Rubinstein como protagonista de la escena.
Ya a las puertas de la Segunda Guerra Mundial, en 1938, y también a instancias de la bailarina de origen ucraniano, el poeta francés Paul Claudel (ferviente católico) y el compositor suizo Arthur Honegger (destacado miembro de Les Six y protestante convencido) unen sus respectivas fuerzas estéticas para ilustrar…
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