Después de un receso de varias semanas, la reanudación de la temporada oficial de la Orquesta Sinfónica Nacional (OSN) me proporcionó agrado y desazón.El agrado me lo dieron las enjundiosas interpretaciones ofrecidas por la OSN, con la guía precisa y escrupulosa de Arthur Post, director invitado, de la Fantasía sobre un tema de Thomas Tallis, de Ralph Vaughan Williams (1872-1958), y del Concierto para orquesta, de Béla Bartók (1881-1945), junto a la actuación notable del solista, Gregory Dugan, en el Concierto para contrabajo y orquesta de Serge Koussevitzky (1874-1951).La desazón me vino, por un lado, a raíz del escaso público que se reunió en el Auditorio Nacional para la matutina repetición dominical del séptimo concierto, a la que asistí en lugar de la función de reapertura celebrada el viernes por la noche en el Teatro Nacional, y,…
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