Con pandemia y sin ella, en Santiago llevamos más de tres años sin que nos visite una orquesta sinfónica, ni siquiera la de Galicia. De manera que este concierto de la Joven Orquesta Nacional de España –con motivo de su residencia compostelana- era más que bienvenido. Además, daba gusto ver la sala prácticamente llena (bien es cierto que el espectáculo era gratuito, y que al final del concierto tres cuartas partes del público se revelaron como familiares y amigos de los músicos); y daba aún más gusto encontrar un establecimiento provisto de aire acondicionado donde guarecerse del calor inclemente de estos días (sí, aunque parezca mentira en Santiago todos los veranos el Apóstol castiga nuestros muchos pecados con una novena al baño María; aunque para el día de su onomástica quedamos perdonados).
Quien tuvo, retuvo; y Elisabeth Leonskaja…
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