A la hora de revisitar un clásico de la ópera hay puestas en
escena desacertadas y que no tienen sentido por más que se las explique y
justifique, además de que crean problemas de entendimiento en el espectador,
porque le es imposible descodificar la situación o el mensaje que se le está
presentando en escena. Nabucco, que
no se representaba en el Teatro Real desde hace siglo y medio, ha venido a
cerrar la temporada con ese golpe de efecto que siempre genera en el público
madrileño un título de Giuseppe Verdi, máxime con una de las óperas tan
icónicas, no sólo de la historia del teatro cantado, sino de la propia historia
y devenir de la nación italiana. La simbología radica en el propio argumento de
la obra estrenada en 1842 en la Scala milanesa, y por encima de todo, en el “Va
pensiero”, el coro que con toda su nobleza patriótica…
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