La de
Amsterdam es una de mis casas de ópera favoritas y por eso tiendo a ir sin
preocuparme mucho por lo que dan. Simplemente me gusta estar allí, frente a un
maravilloso paisaje de canales, y en compañía de un público jovial y
distendido. Y artísticamente hablando, nada es más demostrativo de la vitalidad
y el profesionalismo de un teatro que la calidad de sus reposiciones, por
ejemplo esta de la Carmen puesta por
Robert Carsen en 2009.
De Carmen, confieso, estoy un poco harto,
hasta el punto de tolerar solo la versión no adulterada (¡con bandera
española!) de Calixto Bieito, que hoy se vende por todos lados como un Club Sandwich de Pret a Manger, pero también a esta tiendo a evitarla ahora por el
cansancio de haberla visto varias veces. Pero hasta el 14 de septiembre pasado no
había visto la de Carsen y la perspectiva de ir a la…
Comentarios