De
la orquesta del Concertgebow me enamoré de adolescente en una Sinfonía Fantástica en el Teatro Colón de
Buenos Aires bajo la dirección de Berndt Haitink. Me enamoré por su calidez. A
las únicas otras dos que alcanzan su nivel, la Filarmónica de Berlín y la de
Viena tiendo a admirarlas por ser brillantes, pero nunca llegaron a seducirme como
cálidas. Por lo demás, he asistido a versiones en vivo inesperadamente
rutinarias con estas dos (por ejemplo, un Don
Giovanni con Böhm y una Séptima de Beethoven con Karajan) pero nunca
me ha ocurrido algo similar con la orquesta holandesa.
Mi
reciente visita a la legendaria sala de Amsterdam reafirmó mi atracción
personal hacia los dueños de casa. ¡Qué atractiva es su arquitectura y qué acústica tan redonda y a la vez diáfana, tan distinta de las lacerantes de la Philarmonie de Paris o la…
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