Lo que se organiza en el Café Central, en pleno centro de Madrid, tiene mucho mérito. En un ambiente desenfadado, con un público heterogéneo, que se viste como quiere, casi todos de manera informal, se escucha música que sin dejar de ser de un género popular, tiene muchísima calidad, tanto desde el punto de vista del contenido, como del de la ejecución.Oír la clásica chanson française en versiones impecables es siempre un placer, y así lo comprendió un público que abarrotó el aforo del local, cuyo estilo art deco dio un marco perfecto al intento. Si bien soy enemigo de la megafonía hay que reconocer que esta vez hubo posibilidad de sentir pianos expresivos, que ayudan a crear un ambiente íntimo –pero los pasajes muy fuertes aún me parecieron demasiado estruendosos. Confieso, sin embargo, que puede tratarse de deformación profesional mía…
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