Escuché hace pocos días en la radio que los estudiantes británicos ya no saben lo que es un violín. ¡Conmovedor! Al final va a suceder que nuestros políticos culturales siempre han tenido razón: ¿para qué subir el nivel de los alumnos propios si al fin y al cabo los demás, irremisiblemente, lo van a bajar? Se deja hacer, se deja pasar, y resulta que se acaba igualando por la base: todos tontos, aquí y acullá, todos iguales en una unidad de consumo en lo universal.Y, total, ¿quién nos va abrir los ojos? ¿La Historia, con lo semejante que puede llegar a ser a la publicidad? Por poner un inocente ejemplo: los antepasados próximos de estos chicos británicos que desconocen cosas elementales tuvieron la ocasión, hace cincuenta y dos años, de escuchar a la Orquesta Municipal de Valencia, que realizó una gira por Inglaterra y Francia a las…
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