El programa de mano decía que el concierto tendría “una duración aproximada de 95 minutos, con pausa”. Pasados 75 de esos 95 minutos, todavía no había comenzado la segunda parte, y naturalmente nos dieron las uvas. Una cosa es presumir de que los españoles salimos a cenar cuando en el resto de Europa se van a dormir, y otra que nos empeñemos en horarios disparatados: no se puede dar un concierto tan largo entre semana comenzando a las ocho y media de la noche, que algunos madrugamos; y si por lo que sea no es posible empezar más temprano, por lo menos hay que procurar terminar antes. Así que, por favor, conciertos más cortos y sin intermedio.
De todos modos, mereció la pena. El Concierto en Re menor de Rachmaninov es conocido como “el concierto de los elefantes”, porque -según dicen- se precisa la memoria de ese paquidermo para…
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