La
superproducción publicitaria navideña de una marca española de
carnes procesadas pretende
convencernos
de que nada malo nos
ha de impedir disfrutar de la vida. El
mecanismo
para lograrlo no es otro que el coraje. Disfrute usted con agallas. O
con dos cojones, que están más de moda. Podría uno disfrutar con
cerebro. Pero no, eso no se lleva. El coraje sí. Coraje para no
pensar, para no trazar redes de solidaridad, para ir a la de uno. Que
nada malo te impida disfrutar de la vida. Especialmente si lo malo
les afecta a otros
(un tifón o las guerras). Ni siquiera el apocalipsis te ha de
impedir disfrutar. No intentes evitarlo, disfruta. Y ten coraje.
Coraje para consumir
y para olvidar.
Es lo que hay.
Un zurullo demagógico pinchado en un palo. Zurullo caramelizado, eso
sí.
Como
actividad humana que es, y por lo tanto política, la música…
Comentarios