Con la excepción de Zelle, de Jamie Man (2021), con la que
en septiembre y en representación única se inauguró el festival de Ensems, Jenůfa y Cendrillon de
Viardot (ambas de 1904) son las dos obras más modernas de la programación
operística de la presente temporada Les Arts. ¡No, miento!, pues olvidaba El
cantor de México, de 1951, no por opereta menos teatro lírico.
Una
programación, de todas formas, que tiene el mérito de plantear con suficiente
amplitud diferentes procedimientos de la relación entre la palabra y la música
en el teatro cantado a lo largo de cuatro siglos. Jenůfa, Tristan und Isolde (estrenada en 1865) y L’incoronazione
di Poppea (1642) son, entre las obras que quedan para cerrar el curso, las
que explotan esa relación de una manera más imbricada, con una música más asida
a las inflexiones del texto, más individualmente…
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