Mucha de la actual popularidad de Simon Boccanegra, sobre todo fuera de Italia, se debe sin duda al célebre montaje del Teatro alla Scala que inauguró la temporada 1971/72, el cual forma parte del mito moderno del coliseo milanés y del teatro lírico del último tercio del siglo pasado; tengo para mí que muy posiblemente sea uno de los espectáculos más logrados de toda la historia de la ópera.Giorgio Strehler, con la colaboración de Ezio Frigerio en la escenografía, y Claudio Abbado desde el foso, con casi siempre la misma compañía de canto, invariablemente excelente, mostraron tanto en Milán (varias temporadas) como en visitas a Moscú, Londres, Washington y Tokio los grandes valores teatrales y musicales de esta obra considerada hasta entonces como de rango secundario en el amplio catálogo verdiano. Se trata, pues, de uno de esos raros…
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