Que no, que no me resisto a parafrasear en el título la muy versionada canción de Carlos Castellano La luna y el toro (la original, de 1964). Es mi pequeña venganza. Lo siento, señor Wagner, pero es que su Tristán e Isolda, a poco que me la haya tomado en serio, siempre me ha acabado poniendo enfermo del ánimo.
La última vez, hace tan sólo unos meses: al mismo tiempo que comparaba diferentes registros discográficos y de vídeo, consultaba literatura más o menos científica sobre el particular y leía a Novalis (los Himnos a la noche) y a Schopenhauer (así, por encima, no nos vamos a engañar, porque estoy esperando que saquen la edición en grafiti de El mundo como voluntad y representación), me dio por leer también Viaje al fin de la noche, más que nada por aquello de la nocturnidad explícita en el título (bueno, por eso y porque era una…
Comentarios