España - Andalucía

De despropósito divertido a experiencia desagradable

José Amador Morales
miércoles, 5 de julio de 2023
López, Carmen © 2023 by Esteban Abión López, Carmen © 2023 by Esteban Abión
Jerez de la Frontera, domingo, 25 de junio de 2023. Teatro Villamarta. Georges Bizet: Carmen. Ópera dramática en cuatro actos con libreto de Ludovic Halevy y Henri Meilhac. Francisco López, dirección escénica. Producción del Teatro Villamarta de Jerez. Ainhoa Arteta (Carmen), Marcelo Puente (Don José), Simón Orfila (Escamillo), Berna Perles (Micaela), Marian Guerra (Frasquita), Marifé Nogales (Mercedes), Javier Povedano (Dancairo), Manuel de Diego (Remendado), Omar Lara (Zúñiga), Juan Guerrero (Morales), María José Franco (bailarina). Coro y Escolanía del Teatro Villamarta (José Ramón Hernández, director del coro). Orquesta Filarmónica de Málaga. Oliver Díaz, dirección musical.
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Ya para febrero de 2019 llegaron a ser anunciadas unas funciones de la Carmen de Bizet por parte del Teatro Villamarta con el reclamo de una Ainhoa Arteta que debutaría el rol, eso sí, con el “atenuante” de que sería algo excepcional que no llegaría a incorporar en su repertorio habitual según se nos explicaba entonces. Ignoramos por qué cayó del cartel aquella producción tras su programación y difusión, pero parece que aquel proyecto ha sido rescatado para ser una realidad al final de esta temporada. 

Así pues, allí nos dirigimos con la idea de disfrutar con esta cantante que después de unos años de divismos pasajeros y malas decisiones artísticas, consiguió centrar su carrera incorporando a su repertorio roles adecuados de soprano lírica, puliendo ciertas deficiencias técnicas del pasado y poniendo en valor un indiscutible carisma vocal y artístico. No obstante, la mera idea de abordar el popular personaje de Bizet, con un registro central y grave muy alejado de la tesitura natural de la tolosana, nos volvía a recordar la Arteta primitiva. Pero el morbo era innegable y queríamos divertirnos: la conocida y grata producción de Francisco  López era otro estupendo anzuelo.

Sin embargo, el 25 de junio llegábamos a Jerez con 46 grados en el termostato del coche y, para nuestra desgracia, a media hora del comienzo de la función el teatro aún no había abierto y la cola de la entrada era enorme. Para colmo, en el interior era evidente que no había aire acondicionado y el calor era manifiestamente insoportable. Tras unos minutos de retraso una voz por megafonía anunció lo obvio: problemas con un sistema de refrigeración que hacían imposible el trabajo de los músicos en el foso, pidiendo disculpas al público y unos quince minutos más. Un segundo aviso informó de que habían logrado subsanar el problema y que habría otra demora para lograr refrigerar un tanto el foso de la orquesta. La cortesía inicial dio paso aquí a unos más que comprensibles abucheos.

Finalmente la función comenzó a las 20:45 y finalizó minutos antes de las una de la madrugada, habida cuenta de los tres intermedios, y sin posibilidad de tomar ningún refrigerio. Aún así hubo mucha, muchísima calor durante toda la función pues la refrigeración no llegó ni de lejos a facilitar una velada agradable y tuvimos que sufrir no poco “pegados” al -en ese momento- incómodo y cálido tapizado de la butaca que nos mantuvo sudando toda la noche.

Evidentemente, con esta situación los abanicos, acústicamente inclementes siempre, programas de mano usados como tales, toses que hacían pensar en todo un coctel de inminentes pandemias y demás ruidos habidos y por haber, dieron su rienda suelta durante toda la noche, en un público ya de por sí habitualmente indiscreto en este sentido.

Georges Bizet: Carmen. Francisco López, dirección escénica. Oliver Díaz, dirección musical. Jerez, Teatro Villamarta, junio de 2023. © 2023 by Esteban Abión / Teatro Villamarta de Jerez.Georges Bizet: Carmen. Francisco López, dirección escénica. Oliver Díaz, dirección musical. Jerez, Teatro Villamarta, junio de 2023. © 2023 by Esteban Abión / Teatro Villamarta de Jerez.

A pesar de semejante hambre, sudor y lágrimas, se suponía que aún quedaba la parte divertida. Y sí, apareció Ainhoa Arteta, notablemente más delgada y siempre sugerente en lo escénico a sus cerca de 59 años. Lo hizo haciendo gala de esa sevillanía un tanto impostada pero rematadamente eficaz y creíble. Su actuación realzó el empoderamiento como mujer que, prematuramente al contexto de la obra, le otorga el drama de Prosper Merimée y un tanto más la propia ópera de Bizet, con un alto grado de autoconciencia de su propia dignidad y, por eso mismo, de desafiante provocación.

A través de sus miradas, gestos e incluso alguna incursión coreográfica, como en una seguidilla que desbordaba un aje que cualquiera diría que esta Carmen nació en Euskadi, y de la mano de una extraordinaria dirección actoral por parte de Francisco López, podemos afirmar que Arteta hizo una creación única, con una actuación sobrecogedora en la última escena.

Y hasta ahí todo lo divertido. Porque vocalmente esta Carmen ha sido lo que era fácil suponer: un despropósito. La soprano guipuzcoana no solo carece de un grave mínimamente sostenible en este rol, sino que además cometió el inmenso error de forzarlo, ahuecando de paso un centro -su principal baza- falto tanto de mordente como de brillo y recreándose en una efectista emisión nasal a lo largo de toda la función. Incluso, en los ascensos al agudo la voz aparecía muy tirante y con un vibrato ya descontrolado. Al final de la misma, Arteta recibió entusiastas aclamaciones pero también algunos significativos abucheos. Bien que no sólo hacia ella…

Y es que su Don José fue un Marcelo Puente cuyas primeras frases sorprendieron muy positivamente por su calidad tímbrica y un importante metal canoro. Pero al llegar las primeras notas del pasaje, la voz se descompone y, cual embudo, no cuela ni un sonido mínimamente aceptable. Ante tal imposibilidad técnica, el cantante acude a empujar, en la acepción más muscular, todas las notas hacia arriba con un resultado siempre incierto: unas pasan pero carentes de un mínimo squillo, otras no aciertan siquiera a ser entonadas con la afinación precisa y el resto directamente aparecen como gallos. Y de estos hubo muchos, demasiados pues el papel es exigente y Puente acusó una fatiga vocal inversamente proporcional a las demandas del mismo.

Por su parte Simón Órfila ofreció un Escamillo solvente como actor pero con una voz más ahuecada y ruda que nunca, y un fraseo cada vez menos refinado. Al contrario de Berna Perles, quien aportó cierta cordura y buen gusto en una Micaela de línea de canto elegante, con una plegaria delineada con bellos reguladores y natural musicalidad, sublimando un timbre un tanto impersonal y opaco.

El resto del reparto resultó de un nivel artístico muy superior a lo usual, con excelentes prestaciones de Manuel de Diego, Javier Povedano, Marian Guerra o Marifé Nogales, por citar a los protagonistas del fantástico quinteto del segundo acto.

Georges Bizet: Carmen. Francisco López, dirección escénica. Oliver Díaz, dirección musical. Jerez, Teatro Villamarta, junio de 2023. © 2023 by Esteban Abión / Teatro Villamarta de Jerez.Georges Bizet: Carmen. Francisco López, dirección escénica. Oliver Díaz, dirección musical. Jerez, Teatro Villamarta, junio de 2023. © 2023 by Esteban Abión / Teatro Villamarta de Jerez.

Oliver Díaz dirigió con equilibrio y sentido teatral, aunque sin llegar a los resultados globales de su reciente Adriana Lecouvreur en Málaga, pues echamos en falta bastante de la intensidad dramática de aquella ocasión. La del director asturiano fue una lectura en general correcta pero un tanto epidérmica. La filarmónica malagueña ofreció una meritoria prestación, no así el deshilachado Coro del Teatro Villamarta que no tuvo su día, acusando una desagradable falta de empaste y, en muchos momentos, de mínima afinación. Sorprendente, en cambio, el nivel de la escolanía, de extraordinaria presencia vocal y soltura escénica.

Pieza enlazada

Sin duda la producción de Francisco López para el Teatro Villamarta de Jerez es una de las propuestas escénicas más conseguidas del director cordobés y ha sido justamente aplaudida en muchos escenarios de nuestro país. Ya en 2017 fue contemplada por quien esto suscribe con ocasión de su puesta en escena en el Gran Teatro de Córdoba. Tanto estética como dramáticamente se trata de una aproximación redonda a la obra de Bizet que, sin falsos tradicionalismos ni lugares comunes, resulta fiel al libreto y a la novela de Mérimée en su ambientación y colorido, hábilmente enfatizado por el vestuario y la iluminación. La sobriedad en el enfoque general permite seguir la trama en sus líneas esenciales situando el tema del destino y de la muerte como pivotes de la misma, expresivamente subrayados por la presencia de una bailaora al final de cada acto. 

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