A menudo imaginamos las catedrales como objetos de museo. Al igual que cualquier otra obra de arte conservada en un museo tiene una historia pasada, se visita y admira, se conserva y cuida, incluso se paga por visitarla (no es el caso de la catedral de Santiago de Compostela). Pero una catedral también es un organismo vivo que está en continuo cambio, que se esfuerza por mejorar. Pocos de los que visitan la catedral de Santiago se fijan en estos cambios que sin embargo marcan el carácter, y la catedral de Santiago tiene interés en conservar, pero también en innovar. Casi cada Año Santo la catedral de Santiago inaugura algo, sea una escultura, una renovación (nuevas vidrieras en la fachada del Obradoiro en 2018), una recuperación arqueológica, o -como hizo en 1993- una nueva cubierta de la Puerta Santa encargada al escultor Francisco…
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